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Desde el escritorio de KBULLA

Monsieur l'abbé, detesto lo que escribe, pero daría mi vida para hacer posible que Ud. continúe escribiendo. (Carta de Voltaire a M. le Riche. Febrero 6 de 1.770)


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Ciudad Guayana, martes, 21 de agosto de 2007

POR UNA MALETA, DE UN "PROCESO" CHIMBO.

En la década de los 60-70, y como consecuencia de lo que políticamente se dio en denominar la guerra fría, estuvieron de moda las series televisivas de espías. Tratándose de espionaje y misterio, nadie como los británicos para tratar el tema, y debo reconocer mi gusto por la forma tan práctica e impersonal como lo manejaban. De esas series, las que más recuerdo son las de EL SANTO (Simón Templar) y LOS VENGADORES (el Sr. John Steed y la cautivamente y misteriosa Sra. Emma Peel). La primera de esas series la transmitía (si mal no recuerdo) RCTV y la segunda VENEVISIÓN. Pero también había otra serie, que no recuerdo quién la transmitía. Y la cosa se me hace difícil, pues a comienzos de los 70, aparte de RCTV, VENEVISION y CVTV, llegaba a Caracas (desde la ciudad de Valencia) la señal de TELETRECE y hasta estuvo en el aire (por muy corto tiempo) un canal 11, cuyo nombre no viene a mi memoria, pero si recuerdo que tenía a un conejo por mascota. Vaya uno a saber si la corta permanencia en el aire de ese canal, obedeció al hecho de que entre “el tigre” y “el león” se lo comieron. Porque, hasta donde yo sé, no hay un canal con “pitufos” como mascota que se la pasase peleando con los "conejos".


El punto es, que esa otra serie de espionaje tenía por título EL HOMBRE DEL MALETÍN (MAN IN A SUITCASE) y la trama se basaba en las investigaciones que en cada capítulo debía realizar este personaje (McGill) que había sido un antiguo miembro de la CIA, y expulsado de la misma por un malentendido. Los servicios de este detective oscilaban entre los 300 y los 500 dólares, más viáticos (recordemos que es una serie de finales de la década de los 60 y la inflación todavía “no se había inventado”) y siempre se trasladaba para sus trabajos, de ciudad en ciudad, con un desvencijado maletín como único equipaje y en el cual, aparte de sus escasas pertenencias personales, cargaba una pistola. En la picaresca historia de la política venezolana, supuestamente se presentó un caso que sirvió para que por primera vez se popularizara el uso de la expresión “El hombre del maletín” a nivel periodístico, como veremos un poco más adelante.

En la incipiente democracia venezolana surgida después de 1958, los emergentes partidos políticos buscaron sentar las bases que consolidaran la permanencia en el tiempo de este tipo de gobierno. Era necesario, por consiguiente, garantizar que cualquier candidato de un partido político pudiese salir electo en unos comicios presidenciales. Para ello, determinaron un período presidencial relativamente corto (5 años) y la imposibilidad de reelección inmediata de quien estuviese gobernando, pues resultaba evidente que éste último (al contar con las riendas del poder) iba a tener una sobrada ventaja sobre los candidatos de los partidos opositores en el proceso eleccionario. Además, había que tener presente, como bien lo dijo El Libertador en su Discurso de Angostura que: "La continuación de la autoridad en un mismo individuo, frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos". Y quizás, teniendo nuevamente presente el pensamiento de Bolívar en su ya citado discurso, se estableció que, además de estar prohibida la reelección inmediata, ningún venezolano podía acceder a la silla presidencial más de 2 veces en su vida. Y es que, agregaba el Padre de la Patria: "...nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo, en un mismo ciudadano, el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía."





Pero, tal y como nos lo ha demostrado la historia, el poder envilece. Es por eso, que todos los presidentes que ha tenido Venezuela, siempre han buscado permanecer en el poder, así sea a través del predilecto delfín. Es esa la razón por la que Acción Democrática pierde las elecciones de 1968. Rómulo Betancourt aparece ante la historia como el responsable del fracaso electoral de AD en ese momento, pues impuso o influyó (como prefiera el lector calificarlo) desde su retiro en Berna (Suiza) para que el candidato del partido fuese Gonzalo Barrios en lugar de Luís Beltrán Prieto Figueroa. Le tocó más tarde el turno a Caldera (de tener que entregar el mando) y supuestamente quiso hacer lo mismo, al influir en la Convención copeyana que en 1972 se realizó en el teatro Radio City (ubicado en la Avenida Lincoln de Sabana Grande) para elegir al candidato presidencial de la tolda verde. Contra todo pronóstico, salió electo el Dr. Lorenzo Fernández (dueño para entonces de Helados EFE; de ahí la "efe" en el nombre comercial del producto) en lugar de Luís Herrera Campins. Se dice, pues nunca nadie llegó a demostrarlo (ni siquiera la prensa) que había un hombre que en forma abierta y descarada estuvo durante la convención comprando conciencias. Perdón, quise decir votos. Dice la conseja popular, que el sujeto en cuestión cargaba un maletín de donde sacaba en forma inmediata una cantidad X de bolívares, lo suficientemente disuasiva para volcar la intención original de voto, del miembro de la convención llamado al “entendimiento”. Dado que para aquel entonces estaba de moda la serie de televisión mencionada en un principio, el supuesto fraude electoral que se llevó acabo en tan aciaga noche, saltó a la primera página de los periódicos del momento como EL CASO DEL HOMBRE DEL MALETÍN.

La similitud del hecho, con el actual caso de EL HOMBRE DEL MALETÍN, llega hasta ahí, pues el contenido del mismo en aquella oportunidad era de bolívares (una moneda tan fuerte en aquel momento, que hasta Caldera estuvo tentado a revaluarla durante su mandato; pues Rómulo la había devaluado en el de él) y no de dólares. El gusto por los dólares y la moda de "adquerir" vivienda por aquellos lares del Albañal del Caribe, vino con el primer gobierno de CAP, se consolidó en el de Luís Herrera, y el mismo permanece (casi casi que formando parte de nuestra idiosincrasia) hasta el sol de hoy; no importa lo "rojo rojito" que amanezca el día, todos cantan la famosa gaita de Gauco: ¡Que triste un domingo sin Miami Beach!. Después de este maletinazo contra las aspiraciones presidenciales de Luís Herrera, otro maletín volvió a aparecer en su vida cuando a su ministro de Transporte y Comunicaciones (Vinicio Carrera) se le incautó un maletín lleno de dólares en el aeropuerto de Miami. La verdad que no recuerdo el monto, pero si que arribó al mismo en vuelo privado; de lo que se infiere que este gobierno no ha inventado nada en tal modalidad. Su abogado defensor, Naranjo Ostty, informaba a la periodista del canal 2, que era precisamente la solvencia e integridad de las leyes estadounidenses, de las que él haría uso para demostrar la inocencia de su defendido. Como todo en este país, el caso cayó en el olvido.

Pero esta revolución no podía quedarse atrás en cosas mayameras y de dólares. Y es así, como un diciembre del año 2004, el viceministro de Finanzas para aquel entonces, Jesús Bermúdez, saltó a la primera página de la “prensa mediática” cuando las autoridades estadounidenses lo detuvieron por no declarar que llevaba encima unos 37.000,oo dólares, a su llegada, en un vuelo privado (no era de PDVSA, mal pensados, sino de la CVG) al aeropuerto de Miami. Con mucho candor, explicaría nuestro viceministro, que el excedente en dólares era para comprar presentes navideños. ¡Pobre!, no le creyeron. Y yo pienso que era verdad. Lo que no pudo explicar nuestro “vice”, es como con su sueldo de viceministro podía cargar esa suma de dinero encima y de paso poder afrontar el pago tanto de la multa como de los honorarios profesionales de su abogado defensor. De paso, hay que decir que al pobre lo dejaron solo, pues nadie del gobierno salió a decir en ese entonces, que se trataba de una burda maniobra de la CIA.

Ahora nos encontramos con otro hombre del maletín, cuyo deambular por los aeropuertos porteños (cuando los gallos ni pensaban cantar el amanecer) hubiese pasado desapercibido, si no hubiese sido por los “chicos malos” de la prensa sureña. Y es que estos fablistanes no dejaron nada al azar. Todos los días descubrían algo nuevo. Si aquí el gobierno iba y decía que el hombre no era funcionario del gobierno, la prensa argentina aclaraba que venía en un avión privado con funcionarios de empresas estatales de Argentina y Venezuela.

Si aquí el gobierno iba y decía que el personaje era un auténtico extraño al que se le había dado una colita, la prensa argentina mostraba que “el extraño” no era la primera vez que viajaba al sur y en muchas ocasiones lo había hecho en compañía de uno de los pasajeros de ese vuelo que, de paso, era hijo del vicepresidente de PDVSA de aquellos lares.

Si aquí el gobierno iba y decía que la maleta con el dinero, segurito que la habían embarcado en Bolivia, la prensa argentina iba y mostraba que el avión se reportó a su paso sobre Bolivia, pero que jamás hizo escala en ningún país entre Venezuela y la Argentina.

Si aquí en Venezuela nadie sabe ni porqué aeropuerto salió el jet privado, en Argentina el comentarista de una noticia en Internet (que firma como SEAN COSMO) se da cuenta que el aeropuerto en que aterrizó el avioncito, no es un aeropuerto internacional. Léase, hay razones suficientes para pensar que hasta los funcionarios del gobierno argentino deben estar involucrados en el "affair".

Si aquí en Venezuela el gobierno insiste en que el hombrecito es un perfecto desconocido, la prensa argentina nos muestra quienes son sus socios y amigos y los gustos caros que se prodigan.

Si aquí en Venezuela TALCUAL nos dice que es de una familia clase media de La Victoria (Edo. Aragua) los argentinos nos dicen que aquí en Venezuela tenía una franquicia de SERTECA y los españoles nos dicen que en los EEUU había empezado vendiendo repuestos para tractores. Hoy en día, aparece como todo un rey Midás de los negocios, que se puede dar el lujo de no pagar una multa y dejar así de reclamar el 50% del dinero incautado por las autoridades aduanales.

Si aquí en Venezuela un juez se inhibe cuando ve que la cosa se está poniendo pelua’, en Argentina se le dice a ese tipo de jueces ocurrentes, que la cosa no es así como así.

Si aquí en Venezuela se asegura que ningún miembro del gobierno tiene que ver con el caso, en Argentina no sólo destituyeron a uno de ellos, sino que nos muestran un poco del pasado político del jefe que lo destituyó por “razones morales”. Y por cosas de la vida, hasta el jefe de asesoría de la agencia que controla el lavado de dinero en Argentina, le dio por renunciar en esos días.

Total, que el asedio de la prensa extranjera ha sido tal, que los representantes del gobierno venezolano han tenido que apelar a su propia versión del pote de humo al adelantar (sin que ni siquiera el CNE estuviese preparado) el proyecto de la Reforma Constitucional. El punto sobre el que el gobierno está poniendo más énfasis (y supongo que será poco menos que punto de honor) es el de la disminución de la jornada laboral de 8 horas diarias a 6 horas. Es decir, en vez de 40 horas de trabajo semanales, se trabajará solamente 30 horas. Lo interesante de esta propuesta, es que no tiene nada de nueva, pues está consagrada en el texto del artículo 90 de la actual constitución que, por cierto, data del año 1999:

La jornada de trabajo diurna no excederá de ocho horas diarias ni de cuarenta y cuatro horas semanales. En los casos en que la ley lo permita, la jornada de trabajo nocturna no excederá de siete horas diarias ni de treinta y cinco semanales. Ningún patrono o patrona podrá obligar a los trabajadores o trabajadoras a laborar horas extraordinarias. Se propenderá a la progresiva disminución de la jornada de trabajo dentro del interés social y del ámbito que se determine (subrayado mío) y se dispondrá lo conveniente para la mejor utilización del tiempo libre en beneficio del desarrollo físico, espiritual y cultural de los trabajadores y trabajadoras.

Los trabajadores y trabajadoras tienen derecho al descanso semanal y vacaciones remunerados en las mismas condiciones que las jornadas efectivamente laboradas
.


La ley está ahí, sólo que sobre la misma nunca se había hablado hasta el momento. No tiene sentido entonces, llevar a referendum algo que ya existe. Si el Presidente asi lo quisiera (al estar investido con la Ley Habilitante) pudiera decretar en forma inmediata la disminución de las horas de trabajo. Eso, claro está, si tanto le preocupa en verdad la agotadora jornada a la que nos vemos sometidos los trabajadores de este país. El problema reside, en que existiendo las herramientas y los mecanismos para impulsar dicha ley, falta en realidad el interés y la voluntad para que se ordene el ejecútese.

Ahora bien, si ustedes creen que EL KBULLA está molesto porque se va a disminuir la jornada de trabajo, están muy equivocados. Gracias al “proceso” contaré con más tiempo libre para (aparte de no pelarme una cadena) poder pasar más horas en las colas de los supermercados y MERCAL para tratar de adquirir leche, huevos, azúcar, carne, pollo, refrescos, jugos concentrados, harina de maíz, aceite, sardinas, papel toilette, y no sigo porque me dan ganas de llorar, de sólo pensar que en estos días ni sal había en los anaqueles de los supermercados.


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(VINCULACIÓN A ESTE POST)

Ciudad Guayana, domingo, 12 de agosto de 2007

POR LA MALETA SE CONOCE AL PASAJERO, Y POR UNA BUENA INVESTIGACIÓN AL PERIODISTA.


Descubren a viajero venezolano con un maletín lleno de dólares en aduana aérea de Argentina (intentando introducir en dicho país divisas no declaradas) y el gobierno argentino procede a solicitar la renuncia inmediata al director ejecutivo del ÓRGANO DE CONTROL DE CONCESIONES VIALES (OCCOVI) de la ciudad de Buenos Aires, quien era pasajero del mismo avión en que venía el venezolano.

¿Cómo es la vaina? dirá un descuidado lector venezolano. ¿Qué boludez es esta? dirá su similar (por lo de descuidado, se entiende) lector argentino. Pero la realidad supera a la ficción, cuando de proyectos revolucionarios se trata. Y es que en este accidentado vuelo proveniente de Caracas, venía un grupo de funcionarios de varias dependencias internacionales de la empresa petrolera venezolana PDVSA y de la de energía argentina ENARSA quienes (según comunicado de ENARSA) “…habían ido a Venezuela a suscribir un acuerdo entre ambos gobiernos para el desarrollo de la infraestructura necesaria para el suministro de gas licuado a nuestro país.” Sirva aclarar, a fin de evitar emociones prematuras (que después se traducirán en llanto descontrolado producto del desengaño) que cuando en el comunicado de ENARSA se utiliza la expresión “nuestro país” se refieren a la Argentina. Los venezolanos deberemos seguir haciendo interminables colas para llenar una bombonita de gas para la cocina. Amén de la cola para comprar leche en polvo, la cola para comprar el azúcar, la cola para comprar la harina de maiz, la cola para comprar papel toilette y paaare Ud. de contar.

¿Quiénes eran esos funcionarios? Pues por ENARSA estaba nada más y nada menos que su presidente el Ing. Ezequiel Omar Espinosa, el Sr. Claudio Uberti (directivo, ¡perdón!, ex-directivo de OCCOVI) y la licenciada Victoria Bereziuk, cuyo cargo de “personal de relaciones públicas y de apoyo administrativo de Enarsa” no deja mucho a la imaginación en cuanto a la razón de su presencia en un viaje, cuyo objetivo era la suscripción de un convenio de explotación gasífera entre 2 gobiernos. Por PDVSA, la prensa argentina cita a los siguientes funcionarios: Ruth Berhrrenes, representante de PDVSA en Uruguay; Nelly Cardozo, asesora jurídica de PDVSA; Wilfredo Ávila, funcionario de protocolo de PDVSA; y el joven de 19 años Daniel Uzcátegui Speech, hijo de Diego Uzcátegui Mathew, vicepresidente –este último- de PDVSA en Argentina. Casualmente, y aunque resulte extraño, nadie de PDVSA se ha preocupado por dar algún tipo de explicación de cómo o porqué en el viaje de Venezuela a la Argentina, le dieron una colita al ciudadano Guido Alejandro Antonini Wilson, quien en agradecimiento terminaría embarrando la reputación de este selecto grupo ejecutivo, al ser agarrado in fraganti la madrugada del día sábado 04, en el aeropuerto municipal (de uso básicamente regional) AEROPARQUE JORGE NEWBERY con una maleta a reventar de hermosos billetes de color verde. ¡Verde, que te quiero verde!

Una vez que nos damos cuenta del alto nivel de alcurnia de los pasajeros del “pájaro madrugador”, a uno se le hace difícil creer que alguien piense que la presencia del Sr. Antonini en ese viaje es en verdad un hecho casual o accidental y que gente de tan rancio abolengo no haya puesto objeción alguna al hecho de que se le diera una colita o aventón a quien supuestamente quieren hacer parecer como un perfecto desconocido, sin ningún tipo de relación (tanto comercial como de amistad) con alguno de los miembros del grupo negociador. Aunque no se le conoce profesión, tal parece que el Sr. Antonini es persona altamente solvente, poseedor de un apartamento en un condominio en Key Biscayne que supera el millón de dólares y que gusta de los juguetes caros; pasión esta que también es compartida por otros miembros de PDVSA. Aparte de la ciudadanía venezolana, también posee pasaporte estadounidense, lo que le mueve a uno a pensar que algo debe saber de trámites aduanales. Dicho de otra forma, el Sr. Antonini debe estar más que familiarizado con el control que toda aduana del mundo tiene sobre cuál es el monto de la remesa de divisas que puede ser introducidas en forma personal en un país, sin tener que declararlas. De hecho, aunque fuese la primera vez que viajase, es obligación de las líneas aéreas informar sobre tal novedad a todo viajero antes de aterrizar. Entonces, ¿necesita un ejecutivo, que tiene registradas 4 empresas en el Estado de Florida, llevar consigo semejante suma de dinero en efectivo, cuando bien lo podría haber hecho a través de una simple transferencia bancaria de una de sus cuentas mayameras? Y tampoco puede aducir que desconoce las normativas aduanales de la tierra del Morocho del Abasto, pues no es la primera vez que viaja a la Argentina. Claro está, el dinero en efectivo es un cheque valido al portador que no requiere endoso para su validación o aceptación. Tampoco deja rastro alguno de la transacción en que es utilizado. Dicho de otra forma, es ideal para aquellas operaciones en las cuales no quiera Ud. que su nombre y apellido sean relacionados a las mismas. Sirva como ejemplo, la modalidad que tienen los secuestradores de pedir el rescate en efectivo y que el mismo esté conformado por billetes que no llamen la atención; es decir, de baja denominación. ¿Vamos a detener como sospechosos del secuestro a todo mortal que cargue unos churupitos encima? Habría que poner preso a todo el planeta.

Ahora bien, por lo que uno ha podido leer en la prensa, la maleta con tan indigesta cifra de dólares no tenía ningún tipo de identificación. Es el propio Guido Antonini quien reconoce ser su propietario, aunque otras versiones periodísticas afirman que la cosa no fue tan panza y hasta parece que les vio cara de "giles" a los funcionarios aduanales, pues en un primer momento el buenazo de Antonini argumentó que traía libros. Cita la prensa argentina, que una vez que se abrió la maleta (por requerimiento de las autoridades aduanales) toda la comitiva del avión puso pies en polvorosa (recoge tu gallo muerto, se imagina uno que tuvieron ganas de decirle quienes ponían tierra de por medio) dejando sólo a Antonini con el joven Daniel Uzcátegui. Tal actitud llamó la atención de los agentes aduanales, razón por la cual Antonini (de 46 años de edad) diría que el joven era su sobrino. A estas alturas, uno no sabe si el joven Daniel se quedó al lado de Antonini por simple solidaridad para con un compatriota o porque estaba petrificado por la impresión de ver tanto “verde” junto. Vaya uno a saber. Mucho menos está claro el hecho de que Antonini no haya cumplido con el acto protocolar de pagar la multa (correspondiente a la mitad del dinero requisado) lo cual le permitiría recuperar la otra mitad. Extrañamente, el Sr. Antonini, después que las autoridades descubrieron que llenó en forma fraudulenta (yo preferiría decir que equivocada) el formulario de migración que le entregaron en el avión, pareciera que prefirió darlo todo por perdido, pues no ha regresado a reclamar el balance correspondiente. Aunque hay razones para pensar que el amigo Antonini es un despistado como pocos y que bien pudiese ser que no sabe que puede reclamar la mitad del dinero confiscado. Y digo esto, porque cuando los agentes aduanales le preguntaron por su lugar de residencia mientras estuviese en suelo argentino, nuestro querido Guido dio la dirección de la ROYAL CLASS, la empresa del aerotaxi o vuelo charter en que el susodicho arribó a la Argentina.


¿Qué se puede inferir de todo este folletín de novela? Pues que se trató de un viaje de fin de semana (sábado). Que su arribo fue de madrugada (2:30 A.M) y a un aeropuerto de servicio regional en lugar del aeropuerto internacional, como uno entiende que correspondería. Que la famosa maleta (cuya propiedad admitió Antonini) podía haber sido de cualquiera de los pasajeros de ese vuelo, pues no se cita ningún distintivo o identificación sobre la misma. Que resulta en verdad extraño, que un funcionario cuyo cargo tiene que ver con la vialidad de Buenos Aires (de ahí su apodo de "el señor de los peajes") estuviese presente en una negociación de empresas petroleras. Que más extraño resulta aún, que su superior (el ministro JULIO DE VIDO ) se haya apurado en solicitarle la renuncia. Que el destituido funcionario argentino, parece ser muy allegado al presidente venezolano. Que esta violación sobre "regulación de equipajes" haya sido del conocimiento público 4 días después de ocurrida. Que el Sr. Antonini haya dado como su dirección de domicilio en Argentina, una que no se corresponde. Que tratando de no echarle más combustible al fuego, haya preferido dar por perdido la cantidad de dinero incautado, cuando un simple acto protocolar de pago de multa, le hubiese garantizado el rescate de unos 400.000,oo dólares. Que el viaje del Sr. Antonini no es para nada casual, pues son muchas las veces (y recientes) que ha viajado a la Argentina ¿Qué otra cosa importante podemos inferir de todo este tinglado? Pues que la élite gobernante revolucionaria se cansa de decirle al "bobo bravo pueblo" que eso de ser rico es bien malo. Pero por la forma en que viven y que no se molestan en disimular, resulta lógico deducir que ellos piensan que ser pobre...¡es peor!

Hasta aquí, todo el cuento de EL KBULLA es producto de las lecturas de la prensa argentina en Internet. ¿Y qué de la prensa venezolana? Pues bien, gracias. Han hecho lo mismito que EL KBULLA; es decir, han repetido todo lo que los periodistas argentinos han ido descubriendo y publicando. Claro que hay una pequeña diferencia y es que EL KBULLA ni estudió para periodista, ni se gana la vida como tal. Sin embargo, puedo decir con propiedad (basándome en los datos de identidad del Sr. Antonini) que el mismo no aparece en la LISTA DE TASCÓN (ni en pro ni en contra) y tampoco en la del IVSS, por lo que extrañamente resulta ser una persona afortunada, ya que nunca en su vida tuvo que trabajar como empleado del gobierno, ni mucho menos para un tercero en el sector privado.

¿Cómo es posible que habiendo en el país una ley contra ilícitos cambiarios, a ningún periodista le haya ocurrido en comenzar una labor de periodismo investigativo en torno a ese neurálgico punto? ¿Por qué no han procedido a solicitarle una entrevista a alguno de estos funcionarios? Ah, ¿que lo hicieron? {si, pero no nos quiseron atender} ¿De verdad? {si, son todos unos malucos} ¿Agotaron todas las instancias? {los llamamamos a sus celulares y no respondieron} ¿Le informaron de sus intentos fallidos a sus fieles lectores, indicando el nombre y el rango del funcionario que se negó en forma reiterada a declarar sobre lo que pareciese ser un ilícito cambiario? {¡por favor!¿quién va a hacer un reportaje serio con eso?}




Hasta el momento, mientras el Fiscal General de Venezuela pareciese que espera poder ver directamente a los ojos de Antonini para tomar una decisión en torno a la necesidad de una eventual investigación judicial, una fiscal argentina no se anda con chiquitas. No faltará quien diga, que ese dinero lo traía El Sr. Antonini de los EEUU. Si así fuese, el punto es que su embarque para la Argentina lo hizo en Venezuela (sin que nuestros periodistas se hayan puesto de acuerdo a estas alturas, si el embarque se hizo en Charallave o Maiquetía) y de ser así, no sólo sería Argentina el país en donde intentó introducir unos dólares no declarados, sino también en Venezuela, país en donde la ley lo hubiese obligado de ipso-facto a vendérselos a la nación al cambio oficial de 2.150,oo Bs./$ de haberlos declarados.

Todavía recuerdo, cuando un periodista (creo que era el difunto César Messori) se fue a Italia para investigar “in situ” un chanchullo que se estaba cocinando en torno a la adquisición de unas fragatas misilisticas y unos misiles de marca OTO MELARA. Época en que no había sino teletipos, Messori reportaba diariamente sobre sus investigaciones en un país que no era el suyo, con un idioma que en verdad no sé que tanto dominaba. Eran otros tiempos. Y quizás recordando ese tipo de investigación reporteril del pasado, es que Pablo Antillano hace unos años hizo un pequeño ejercicio de autocrítica al respecto, al escribir en su columna de la revista TODO EN DOMINGO de EL NACIONAL:

Hoy nuestro periodismo preocupa a la mayoría de los periodistas del mundo. En lo que se refiere al periodismo de investigación, el diagnóstico apunta a señalar que se confunde la mera denuncia con la investigación, que se publican documentos y versiones de terceros interesados y se prescinde de la comprobación”.



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Ciudad Guayana, domingo, 5 de agosto de 2007

LA MEJOR COMIDA, LA DE MI MAMÁ.



"La vida de un crítico es sencilla en muchos aspectos. Arriesgamos poco y tenemos poder sobre aquellos que ofrecen su trabajo y su servicio a nuestro juicio. Prosperamos con las críticas negativas, divertidas de escribir y de leer. Pero la triste verdad que debemos afrontar, es que en el gran orden de las cosas, cualquier basura tiene más significado que lo que deja ver nuestra crítica. Pero en ocasiones, el crítico sí se arriesga cada vez que descubre y defiende algo nuevo. El mundo suele ser cruel con el nuevo talento. Las nuevas creaciones, lo nuevo, necesita amigos.

Anoche experimenté algo nuevo, una extraordinaria cena de una fuente singular e inesperada. Decir sólo que la comida y su creador han desafiado mis prejuicios ante la buena cocina, subestimaría la realidad. Me han tocado en lo más profundo.

En el pasado jamás oculté mi desdén por el famoso lema del chef Gusteau’s ‘Cualquiera puede cocinar’, pero al fin me doy cuenta de lo que quiso decir en realidad. No cualquiera puede convertirse en un gran artista, pero un gran artista puede provenir de cualquier lado. Es difícil imaginar un origen más humilde que el del genio que ahora cocina en el restaurante Gusteau’s y quién en opinión de este crítico, es nada menos que el mejor chef de Francia. Pronto volveré a Gusteau’s, hambriento"
. (Anthon Ego)


La película RATATUILLE resulta ser un homenaje al "savoir vivre" de la comida. Y no de la comida como un acto de alimentación, sino como el de una oportunidad para disfrutar de una buena mesa. Y es así como vemos que el protagonista de esta película (un pequeño roedor) pone énfasis en la degustación antes que en la gula, al contrario del resto de sus congéneres. En el uso afinado de los sentidos del gusto y del olfato. Los sabores están allí, sólo hay que saber combinarlos en la forma y proporciones adecuadas, para obtener una verdadera explosión de sensaciones en las papilas gustativas del comensal. Sensaciones estas, que la magia del cine nos muestra como una combinación de luz y sonido.

Y no se trata de preparar platos rebuscados. No. Nuestro chef sabe que la frescura de los productos, un buen balance en la aplicación de las especias y una adecuada altura de la llama, es el secreto que hace que el más humilde de los platos llegue a transformarse en todo un manjar. Y para muestra un botón. El RATATOUILLE no es más que un plato de humilde origen rural, en cuya composición no se encuentra otra cosa sino legumbres y verduras frescas, en proporción no establecida y cocinadas a fuego lento en aceite de oliva. Y es la correcta combinación de una salsa sazonada con especias (de una personal inspiración de tan singular chef) lo que transforma este plato simplón en el estandarte de un restaurant que venía perdiendo estrellas en su clasificación.

El crítico de comida, al probar este plato (con esa sazón especial que el pequeño chef roedor le confirió) se retrotrae a la época de su infancia, cuando su mamá (con ese toque de amor especial que sólo sabe darle una mamá) le preparaba ese humilde plato (para una humilde familia) que tanto le gustaba. Un simple paladeo del plato de marras, es suficiente para que un amargado y cínico critico de comida, recupere su carácter humano y llegue a publicar al día siguiente en su columna de crítica culinaria, las palabras que encabezan este post y que resultan ser un verdadero ejercicio de autocrítica.

Ratatoullie, una película de entretención, llena de mensajes de humildad, amistad y tolerancia. Apta para niños...de todas las edades.


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