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Monsieur l'abbé, detesto lo que escribe, pero daría mi vida para hacer posible que Ud. continúe escribiendo. (Carta de Voltaire a M. le Riche. Febrero 6 de 1.770)


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Ciudad Guayana, martes, 26 de febrero de 2008

EL MÉDICO ES EL ÚNICO PROFESIONAL QUE ENTIERRA SUS ERRORES.

Un amigo mío tenía pautada para el día de hoy una operación de resección transuretral de la próstata, a la vez que iba aprovechar la necesidad de esta intervención para operarse de 2 hernias inguinales. Una de ellas los suficientemente grande como para tener que colocarle una malla. Menos mal que mi amigo no vive en Cuba.

Bien sea porque en esta época todavía "Pacheco" está haciendo de las suyas en Caracas o bien porque los nervios hicieron estragos en su sistema inmunológico, el caso es que a mi amigo lo agarró un gripón el fin de semana. Dado que los síntomas no sólo arreciaban sino que hasta tenía fiebre, mi amigo trató de ponerse en contacto con el médico principal que lo estaba tratando (y que a la vez lo iba a operar) pero con resultados negativos. Lo más que logró, es que lo atendiese uno de los asistentes de este médico. A decir verdad, mi amigo no buscó primariamente molestar al médico, pues sabe de su carga de trabajo, sino que buscó contactar a uno de sus varios asistentes. El caso es que logra después de varios intentos la comunicación telefónica y explicar su caso. La respuesta fue la acostumbrada: "déjenos consultar al doctor y nosotros le devolvemos la llamada".

Pasan las horas y nada. Mi amigo se atreve a “volver a molestar” al asistente y este le explica que “el doctor entra y sale, por lo que me ha sido imposible plantearle su caso. No se preocupe que yo estoy pendiente de su caso. No llame, que yo lo llamo”. Llegó el atardecer y nada que lo llamaban. Volvió a intentar otra llamada (so pena de ser regañado) y seguían sin darle respuesta. Total que llamó al celular del doctor en donde le dejó un mensaje exponiendo su caso. Llegó la mañana de hoy y mi amigo se apersonó en el hospital, encontrándose en la Unidad de Admisión con que su operación seguía pautada para hoy. Es decir, no había sido suspendida. Haciendo de tripas corazón mi amigo se entregó en los brazos de la ciencia. Lo prepararon para quirófano y hasta le habilitaron una vía para hidratación. Estando en el quirófano apareció el cirujano que le iba a operar de las hernias y le preguntó a mi amigo que qué hacía él ahí. Dios es sabio y jamás ha permitido que mi amigo porte o sepa usar un arma de fuego. La verdad que mi amigo sí sabía qué hacía allí. Mi amigo estaba a punto de formar parte de otra de las tantas malas praxis médicas que uno adivina que se deben producir a diario en los hospitales del mundo. Ensayando la mejor de sus sonrisas le explicó que él estaba allí para operarse, pues no había logrado receptividad en torno a su planteamiento de contar en su humanidad con un huésped indeseable (la gripe). La realidad es, que ambos cirujanos si habían sido informados sobre el cuadro febril y gripal de mi amigo. Lo que no supieron explicarle fue lo siguiente:

1) ¿Por qué el personal de admisión no sabía que la operación había sido suspendida?

2) ¿Por qué el personal de quirófano tampoco sabía que la operación había sido suspendida?

3) ¿Por qué nadie del personal responsable de su caso en el hospital, se tomó la molestia de devolverle la llamada a mi amigo para decirle que él estaba en lo correcto cuando consideraba que el cuadro de fiebre y gripe que presentaba no lo hacían apto para una intervención quirúrgica?

Lo más cumbre es que, hablando de todo como los locos con mi amigo, salió a colación el ayuno previo y enema que debió haberse realizado. Mi amigo no sabía nada de eso de preparación previa. A él nadie le dijo nada. Es decir, cenó opíparamente (me imagino que pensó en eso de “la última cena”) y por la mañanita fue he hizo del vientre como es su costumbre, yéndose en ayunas (por consideración propia y no porque se lo hayan informado) a casa de los matarifes. ¡Perdón! Quise decir, al hospital en donde iba a ser intervenido quirúrgicamente. Si bien, personalmente, pienso que hay un poco de ignorancia por parte de mi amigo en cuanto a la preparación previa personal para una intervención quirúrgica (de paso múltiple) en la zona abdominal, también entiendo que es obligación de toda institución médica transmitir este tipo de información (tanto verbal como en forma escrita) a toda persona que va a pasar un largo rato acostada mientras medio mundo en el quirofano cuenta chistes y anécdotas a su alrededor.

Y después todavía vamos y nos extrañamos que haya gente que prefiere ir a contarle sus cuitas a un brujo o, en el mejor de los casos, busque la sanación en eso que se ha dado en llamar medicina alternativa.

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Ciudad Guayana, sábado, 23 de febrero de 2008

POLICÍA HONESTO: ¿FINA IRONÍA, JUSTA OPTACIÓN O SIMPLE OXÍMORON?


Hace ya unas cuantas semanas, mientras aleatoriamente hacía un barrido de canales de televisión, me tropecé en el canal RETRO con la película SÉRPICO (1973) del director Sydney Lumet. Basada en la novela policíaca del escritor Peter Maas, Al Pacino personifica al detective Frank Sérpico de la policía de Nueva York. Basado en un hecho real, Frank Sérpico es un policía que contrasta fuertemente con el resto de sus compañeros por su integridad e incorruptibilidad. Si el libro fue en su momento un auténtico best-seller, la película fue un auténtico éxito de taquilla. A través de la vida de Frank Sérpico, se le mostraba al ciudadano medio común estadounidense la corrupción generalizada de los cuerpos policiales y la torpe burocracia gubernamental que impedía que cualquier denuncia de cohecho policial (que se llevara a las altas esferas del poder) pudiese prosperar. Frank Sérpico no pudo contra el sistema y terminó renunciando al cuerpo policial (al que prestaba sus servicios y al que intentó adecentar) después de haber sido baleado en una redada de narcotraficantes y en donde las investigaciones revelaron que los disparos hechos a Sérpico, pudieron haber sido evitados por sus compañeros en la redada. Como dato curioso, Frank Sérpico cuenta con un blog en donde sigue denunciando casos de corrupción gubernamental: OFFICIAL FRANK SERPICO BLOG.

Coincidencialmente, en Venezuela durante el año 1972 salió a la venta el libro RETÉN DE CATIA. Del escritor Juan Sebastián Aldana (seudónimo con el que se oculta el periodista Gustavo Santander) en esta novela se narra en primera persona la miseria y descomposición del sistema penitenciario del país, así como la corrupción de los cuerpos policiales. Dentro de la poca cultura lectora del venezolano (aparte de tratarse de un género policial) esta novela había alcanzado para el año de 1977 su onceava (11) edición, lo que bien sirve para darnos una idea del impacto social que tuvo en su época.

Ambas obras representaron en su momento una fuerte crítica social a una acomodaticia moral ambigua en torno al fenómeno de la corrupción político-judicial. Mientras el primero tuvo un gran calado dentro de la sociedad estadounidense (ya sensibilizada por denuncias de la propia prensa estadounidense como LOS PAPELES DEL PENTÁGONO (1971) y EL CASO WATERGATE (1972)) el segundo (RETÉN DE CATIA) sólo fue un fenómeno editorial, sin que llegara a rodar alguna cabeza por las denuncias contenidas en las páginas del libro.

Casos en que el porte de uniforme sirve como salvoconducto o patente de corso para delinquir, es ya el pan nuestro de cada día en los medios noticiosos, ocupando por tal motivo un simple segundo lugar como noticia de relleno. Ya se sabe, lo cotidiano aburre. Llega sólo a ser noticia destacada cuando se ve involucrada en la misma algún personaje de destacada figuración social. Uno de esos casos lo constituyó el asesinato del abogado penalista Ramón Carmona Vásquez el 28 de julio de 1978. Era un poco después de las 2:00 P.M. cuando el penalista de 36 años es abordado en plena avenida Andrés Bello a la altura de la Cruz Roja y resulta ametrallado (15 balas lo impactaron) al resistirse a subir a un automóvil. Su viuda, Gladys de Carmona, conocida familiarmente como La Turca, se apresuraría en aparecer en los canales de televisión para exigirle a Manuel Molina Gásperi (director de la PTJ) que quería vivos a los asesinos de su esposo. La Turca sabía a que se refería al dirigirse en forma directa al director de la PTJ. Las posteriores investigaciones harían responsable como autor material de dicho crimen a Anoel Pachecho, quien era funcionario de la PTJ y formaba parte del grupo comando elitáctico de la PTJ conocido como GATO (GRUPO DE APOYO TÁCTICO OPERATIVO) creado y comandado por el propio Molina Gásperi. Pacheco, en compañía y con el apoyo de otros compañeros del grupo GATO, asesinaría al penalista Carmona y se determinaría también que Molina Gásperi fue el autor intelectual de dicho crimen. Este asesinato pondría al descubierto una verdadera olla podrida dentro del sistema policial venezolano.

“A su hijo lo matamos como a un perro”. Con estas palabras, refería a la prensa Haydée Castillo de López, que se había dirigido un policía a su persona al momento de proceder al allanamiento de su hogar en la urbanización Oripoto del municipio El Hatillo. Inexplicablemente, el matrimonio estaría varios días en los calabozos de ese trabalenguas denominado CICPC, como presuntos cómplices de “la vida paralela” que llevaba su hijo. Quienes lo conocían como un abogado del bufete De Sola y Pate, quedarían desconcertados al oir de la boca del ministro Jesse Chacón que el picapleitos de 32 años era todo un Rambo. Concretamente, el ministro de Interior y Justicia Jesse Chacón Jaramillo declaraba en rueda de prensa: “este señor, a partir de 2000, se entrenó en las escuelas norteamericanas donde se adiestran unos señores que se llaman mercenarios y que, en países como Irak y Colombia, han acompañado a las fuerzas de ocupación y son pagados”. El ministro agregaría también: “luego de avanzar con las averiguaciones, escuchar las declaraciones de los testigos y cruzar la información sobre las llamadas telefónicas que se registraron en la zona de los hechos, llegaron hasta López Castillo, quien fue abatido ayer en la mañana por inspectores del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas en las inmediaciones de la Plaza Venezuela, tras oponer resistencia disparando a las autoridades que trataron de abordarlo y matar a una de ellas.” Nunca se le aclaró a la prensa el porqué del apuro de apresarlo en plena calle. ¿Por qué no esperar a que llegara a donde supuestamente iba (el bufete en donde trabajaba) para apresar a todos sus compinches, si supuestamente se le venía haciendo seguimiento desde hace tiempo? Es más, ¿por qué no lo apresaron en su propia casa, con todo ese arsenal de “terrorista ocasional y desprolijo” que supuestamente guardaba, no sólo en su cuarto, sino en la sala y la cocina? Quizás lo que mejor explique la ética y el nivel profesional de los policías involucrados en este caso, lo constituya el allanamiento de la casa de la familia López Castillo. En este artículo escrito por la propia Haydée Castillo de López, se nos dice que hasta un humilde tostiarepas desapareció de su casa durante el allanamiento realizado por los cuerpos policiales.

Utilizando una alcabala policial y haciendo uso de sus uniformes, seis policías metropolitanos secuestraron el 23 de febrero del año 2006 a tres hermanos (todos ellos menores de edad) y al chofer de la familia en el momento en que los trasladaba al colegio. Cuarenta y un días después, los hermanos Faddoul y el señor Miguel Rivas (el chofer) aparecerían asesinados con tiros de escopeta en la región occipital, cuya intensidad (por ser tiros a quema ropa) les destrozó los rostros. Aunque en todo momento se negaba la vinculación de miembros de la policía en tan abominable crimen, el propio fiscal general de la república terminaría reconociendo que había evidencias que lo obligaban a investigar a varios grupos de policías.

No acabábamos de entender como era posible que se hubiese asesinado a 4 personas indefensas, cuando el martes 28 de marzo de ese mismo año 2006, la prensa informaba que el industrial ítalo-venezolano Filippo Sindoni había sido secuestrado con el mismo método de la alcabala policial. Alcabala esta que los funcionarios gubernamentales calificarían de “falsa alcabala provisional” pero sin que pudieran explicar cómo es que la misma estuvo funcionando por más de 2 horas (antes del momento del secuestro) sin que llamara la atención de funcionarios policiales a los que supongo que debemos calificar como “no falsos permanentes”. Sindoni aparecería asesinado al siguiente día sin que nunca se llegase a aclarar el motivo del secuestro. Recuerdo que hace un año, mientras una mañana iba camino al trabajo, sintonicé por casualidad el programa radial “ENTRE FUERTE Y DULCE” de los periodistas William Echeverría y Carlos Acosta. Refería Carlos Acosta, al recordar que se cumplía un año del asesinato de Sindoni que él (Carlos Acosta) había estado muy ligado al industrial, por ser Sindoni el propietario de la televisión regional TVS. Explicaba Acosta, que Sindoni tenía implantado en su cuerpo un chip antisecuestro lo cual facilitó a su familia el poder indicarle a la policía la ubicación inmediata de Sindoni. Pues bien (y sigo citando al Sr. Acosta) no había pasado mucho tiempo desde el momento en que la familia hizo del conocimiento policial de la existencia del chip en el cuerpo de Sindoni, cuando inexplicablemente el dispositivo (del tamaño de un grano de arroz) dejó de transmitir su posición. Esto, según el Sr. Carlos Acosta, fue la prueba irrefutable que obligó a las máximas autoridades policiales a entender que había funcionarios involucrados en el secuestro y posterior asesinato del industrial.


Los tiempos cambian, al igual que la forma en la que la información nos llega. Es así como el día 30 de enero nuestro compañero AFRAEL (AKA Papá Pitufo) hacía uso del poder comunicacional de ese nuevo medio de expresión personal llamado blog, para denunciar a través de la WEB que a su primo Pericles José Ortiz Calles lo asesinó la policía. No era un industrial adinerado. Por el contrario venía de Caracas a donde había acudido para una entrevista de trabajo. No tenía filiación política pública; se ganaba la vida trabajando en la ingeniería de sistemas y no haciendo proselitismo. ¿Por qué lo mataron entonces? Nadie lo sabe. Nadie sabe que pasó después de tener la entrevista en Caracas. La última vez que habló con su esposa, le dijo que iba a detenerse en Taguanes (Edo. Cojedes) para después dirigirse a su casa. Nunca llegó a la misma.

¿Por qué ocurren estos excesos policiales? Me imagino que hay muchas razones, pero en mi opinión personal, el comportamiento de delincuentes que exhiben nuestras policías tiene su origen en un deficiente sistema de selección y reclutamiento. Y paralelo a esto, está la muy baja remuneración que se le ofrece a quienes se les dice que deben arriesgar su vida para defender la de otros. Recuerdo cuando la Policía Metropolitana estaba bajo el mando de la Guardia Nacional. Creo que era a comienzos de los años 70 y un oficial de la PM había sido encontrado culpable de la violación y asesinato de una niña. Cuando la prensa ejerció presión sobre el representante de esta institución (un coronel o general, cuyo nombre no recuerdo) y le reclamaba que cómo era posible que un psicópata formara parte de esa institución, el oficial de la GN estalló y les dijo a los fablistanes que si en la PM se aplicaran los exámenes psicotécnicos de admisión con la rigidez debida, Venezuela no tendría policías. Y no es que los venezolanos fuésemos todos unos psicópatas, sino que nadie quería ser policía por el poco o nulo paquete de beneficios socioeconómicos que se le ofrecía. Dicho de otra forma, no es precisamente lo mejor de nuestra sociedad la que acudirá a llenar las filas de los miembos de nuestras instituciones policiales.

Otra cosa que he visto en la gerencia policial, es justamente la ausencia de la misma. Estoy cansado de ver a patrulleros que pasan todo el día parados en alguna parte y que ejercen funciones de alcabalas. ¿Qué se hace en esas alcabalas con una patrulla detenida? Nada, como no sea la búsqueda de una extorsión que popularmente se le ha dado en llamar “pa’ los frescos”. ¿Quién supervisa a los funcionarios que pasan todo el día en la calle? ¿Qué informe presentan (en caso de que se contemple dicho reporte) y quién verifica (así sea de forma aleatoria) la veracidad del mismo? Nadie.

Recuerdo haber visto uno de esos programas televisivos de enfoque tecnológico en donde se mostraba la vida de una academia policial en los EEUU. Entre otras cosas, se les enseñaba a hacer un uso debido del arma. Y no se trataba de prácticas de puntería. No, se trataba de mostrar los puntos vitales del cuerpo humano y del tipo de tiro que debían intentar hacer al verse en una situación que ameritase el uso de un arma de fuego. Dicho de otra forma, tratar de reducir al delincuente infligiéndole el menor daño posible y tratando de preservar en lo posible la vida del mismo. Cuando un oficial hace uso del arma de reglamento, queda suspendido hasta que una unidad interna del propio cuerpo policial analice si el oficial hizo uso correcto del arma.

A Pericles Ortiz “lo redujeron” con 6 tiros (2 de ellos en la espalda) y los mismos fueron realizados por más de un funcionario. ¿Por qué actuaron los funcionarios con esa saña? Pues porque no hay ninguna limitación moral o reglamento interno que se los impida. Si un ciudadano hace uso de su arma (legalmente adquirida y con su debida autorización de porte) y se ve en la necesidad de hacer frente a un ladrón que lo estaba atracando (con un amplio prontuario policial y judicial) viéndose en la necesidad de matarlo para preservar su vida, ese ciudadano bien puede pensar en ir vendiendo su casa, carro, joyas de la señora, etc., pues va a requerir de la mayor cantidad de dinero posible (mientras está en la cárcel) para poder pagar los honorarios de un abogado penalista que demuestre que se actuó en defensa propia. Por el contrario, si una “comisión policial” mata a una persona y la llena de plomo hasta que el cuerpo adquiera apariencia de colador, el gremio al que pertenece “la comisión” se encargará de taparlos y defenderlos; los funcionarios volverán inmediatamente a sus labores rutinarias, pues explicarán (simplemente eso) que sorprendieron al delincuente y que al darle la voz de alto, el delincuente (en una actitud propia de un suicida) no le importó que se tratase de 4 contra uno, sino que fue y les hizo frente. Cosas de la vida, nunca alguno de estos funcionarios resulta herido en forma alguna, mientras el delincuente tiene impactos de bala que resultan difíciles de entender como pudieron llegar a ciertas partes del cuerpo, si el delincuente estaba involucrado en un enfrentamiento armado, cuerpo a cuerpo.

Pero dejando a un lado mi opinión personal, quizás tenga más valor las palabras del criminólogo, ex-director de la PTJ y ex-ministro de justicia Fermín Mármol León, cuando en una entrevista fue y le dijo al periodista:

“…en los cuerpos policiales hay una complicidad manifiesta cuando a los agentes con amplio prontuario criminal probado y comprobado, se les destituye y quedan en libertad plena sin cargos formulados en tribunales.”

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