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Desde el escritorio de KBULLA

Monsieur l'abbé, detesto lo que escribe, pero daría mi vida para hacer posible que Ud. continúe escribiendo. (Carta de Voltaire a M. le Riche. Febrero 6 de 1.770)


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Ciudad Guayana, jueves, 12 de marzo de 2009

CENTROS COMERCIALES, CONCURSOS, IMPROVISACIÓN, ÉTICA Y DEMÁS YERBAS.

La tarde del domingo fui con la familia al cine en el CENTRO COMERCIAL ORINOKIA. Vimos la película CUENTOS QUE NO SON CUENTOS (BEDTIME STORIES) con el actor Adam Sandler. Pude constatar el marcado descenso del nivel de afluencia de la gente al centro comercial. Sin duda, la crisis también ha llegado a una Guayana cuyo motor económico lo constituye el complejo industrial de empresas básicas en manos del gobierno. Antes yo acostumbraba a decir que eran empresas del Estado, pero la forma en que se vienen manejando las leyes y las medidas económicas en la última década, me obligan a hacer un distintivo entre la palabra Estado y la palabra gobierno.

Estas empresas han dejado de honrar sus compromisos, no sólo con los proveedores y contratistas, sino que ahora son los propios trabajadores y empleados de las empresas básicas de Guayana los que están empezando a experimentar en carne propia los efectos negativos de una gerencia y un clientelismo, regidos por una política divorciada totalmente de los más básicos principios de la administración de una empresa.

Al salir del cine, decidimos ir a cenar al CENTRO CIUDAD COMERCIAL ALTAVISTA 2. El área destinada a los negocios de comida, así como la gran variedad o alternativas de puestos de comida, constituyen sin lugar a dudas el gran atractivo de este nuevo centro comercial, convirtiendo la zona de comida del ORINOKIA en poco menos que un merendero.





Cuando terminamos de cenar, KBULLIN reparó en un anuncio del centro comercial en donde se invitaba al cliente a participar en una rifa que, por Bs. 1.000,oo (un millón de los de diciembre de 2007) se realiza diariamente. Obviamente se trata de un estímulo para que el visitante deje de serlo y se convierta en cliente. Es decir, que consuma, que compre y que no solamente pasee y vea vidrieras. Se invita a depositar en un bombo, situado en la plaza central del centro comercial, una factura de consumo (sin limitación o exigencia de un monto mínimo) y a la noche siguiente (a las 8:00 PM) se realiza el sorteo cuya premiación se hace en forma inmediata, pues se requiere que el ganador esté presente. Con esta última cláusula, subrepticiamente buscan que la persona aumente su consumo, pues al tener que asistir 2 días consecutivos al centro comercial, es razonable pensar que la misma volverá a hacer algún tipo de compra, así sea de un simple helado o refresco.





Dado que era las 7:20 PM, accedí al ruego de KBULLÍN para asistir al sorteo de ese día, para que matase el piojito de la curiosidad. Ante la manifiesta alegría de KBULLÍN, tuve que explicarle que nosotros no podíamos concursar, pues las reglas establecían claramente que las facturas del día participaban para el próximo. Además, yo había realizado el pago del consumo con la tarjeta de crédito y no iba a desprenderme de la factura que (junto con el voucher del punto de venta) podía llegar a necesitar en caso de alguna disparidad en el estado de cuenta de los consumos de la tarjeta. La verdad que no sé cómo harán aquellos clientes que, queriendo participar en el concurso, no pueden hacerlo por la necesidad de tener que conservar la factura para validar la garantía de un artefacto eléctrico o electrónico adquirido en una de las tiendas del centro comercial.

Dieron las 8 de la noche y hay que reconocer que el sorteo dio inicio en forma puntual, tal y como se indicaba en el afiche. Como en todo evento de este tipo, el animador buscó que fuese la mano inocente de un niño (en este caso una niña) la que le diera transparencia y legalidad al concurso, dejando a la diosa fortuna como la única responsable de decidir quién era el ganador. Con esto se ahorran además, los gastos que conlleva el contratar un notario, figura que (gracias a los increíbles y periódicos resultados de las loterías venezolanas) no gozan precisamente de una imagen de garantía de transparencia en cualquier concurso que se lleve a cabo, así sea para elegir quién sale primero en una partida de dominó.

Empezaron a darle vueltas al bombo y el locutor dijo de buenas a primera que primero se iban a sacar unos premios de consumo de 60,00 Bs. en la zona de comida del centro comercial. La verdad que el afiche no decía nada de que se iban a dar premios de Bs. 60,oo en lugar del jugoso y tentador premio de Bs. 1.000,oo. Total que se sacaron un total de 3 facturas que fueron premiadas en forma inmediata con consumos internos de Bs. 60,oo ya que todas las personas ganadoras estaban presentes, tal y como lo establecía una de las cláusulas del concurso. Finalmente el animador informó que llegó el momento de la verdadera razón del porqué toda esa gente estaba en la plaza central del centro comercial un domingo a las 8:00 de la noche: el premio de Bs. 1.000, oo en efectivo y no en consumos obligados.

Como en todas las premiaciones anteriores, se dieron varias vueltas al bombo antes que la niña procediese a sacar la última factura de la noche. Saca la niña la factura y el animador o locutor del evento titubea antes de decir el nombre del ganador. Intercambia unas palabras con una asistente y proclama que se debe sacar otro recibo, pues el ganador del promocionado premio de Bs. 1.000,oo ya fue ganador esa noche de un premio de 60,00 Bs. y, “de acuerdo al reglamento, no puede participar por otro premio”(sic). ¡Albricias! que diga, ¡qué pifia! Agregó, que para evitar incomodidades, no iba a decir quién era el afortunado (yo más bien diría desafortunado) ganador que él (junto con la asistente) habían decidido (sin ningún tipo de rodeos) descalificar.

La verdad que el planteamiento resultaba absurdo desde todo punto de vista, pues el único reglamento que existe, es aquel que se publica. Es decir, las 4 ó 5 cláusulas que aparecen en el afiche promocional y con las cuales obviamente todos los ganadores de esa noche tuvieron que cumplir (ser mayor de 18 años, fecha de la factura del día anterior y estar presente en el momento del sorteo). En el afiche o promoción no se hacía mención a las famosas palabritas que en letra micróscopica siempre están presentes en todo documento de dudosa buena intención. Me refiero a aquellas de “el participante acuerda que reconoce y entiende perfectamente el reglamento que rige este concurso y bla bla bla” pues es obvio que no existe tal extensión del reglamento.




Yo pensaba que se iba a formar la de San Quintín, pues aunque el locutor dijese que no iba a decir el nombre, se caía de maduro que el ganador (ahora decretado perdedor) era una de las 3 personas que acababan de ser recompensadas con un premio de apenas Bs. 60,00 de consumo obligado, premios estos que no aparecían por ningún lado en las reglas del concurso, si de ponernos exquisitos o rigurosos se trata. Quizás porque el venezolano ya está más que acostumbrado a que cualquier autoridad o institución abuse de él, nadie levantó la voz para reclamar airadamente por lo que a todas luces resultaba un descarado despojo, por no citar palabras como engaño, estafa o robo. Se procedió a sacar otra factura y, afortunadamente para la integridad física del locutor, el nuevo ganador de los Bs. 1.000,oo no era una de las 3 personas que olímpicamente habían despachado con un premio de Bs. 60,00 de consumo obligado en la zona de comida y que de paso acababan de enterarse (por un improvisado reglamento sacado de la manga) que tan pírrico premio los descalificaba para optar al único premio en verdad ofrecido en el afiche.

La experiencia vivida me sirvió para aleccionar a KBULLÍN en cuanto a la ética de los comerciantes y el trato que deberían dispensar al cliente (y que empecinadamente se niegan a dar) aunque después lloren que las ventas no andan bien. KBULLÍN no entendía por qué habían descalificado a una persona por el simple hecho de que ya había ganado otro premio. No entendía qué era lo que estaba mal. Lo único malo hijo, le dije, es la falta de principios y valores de los propietarios del centro comercial o de las personas en que delegaron la responsabilidad de la realización del concurso. Todos tienen un conocimiento intutivo de las mismas, pero nadie se rige por tales patrones de rectitud. Le expliqué a KBULLÍN que hasta donde yo pude ver, las únicas pautas o limitaciones para participar, eran las establecidas en el afiche promocional y venir (en pleno concurso) a citar la existencia de un reglamento supuestamente más completo, no fue para nada acertado. No era ese el momento para venir descalificar a alguien con un argumento que le puede quedar muy bien a un "vivo" (léase tramposo) pero no a un grupo de personas que, antes que representarse a ellas mismas, representan en realidad a la empresa. No pude entonces, explicarle en un lenguaje más acorde con su edad, el porqué descalificaron al ganador. Lo más que atiné a decirle ante su insistencia, fue: porque les dio la gana hijo. Porque les dio la gana. Y la realidad es esa. Una vez más, EL KBULLA fue testigo del mal trato y el abuso al que son sometidos los clientes de cualquier establecimiento en Venezuela.

Yo entiendo que el concurso creado por el centro comercial (y la reglamentación del mismo) buscan incentivar y aumentar el consumo de la gente que acude al establecimiento comercial, por lo que resulta en verdad paradójico el proceder de los responsables del concurso de esa noche del domingo. Si, rompiendo las leyes de la probabilidades, una persona ganó 2 veces esa noche, no había razón alguna para descalificarla, sino más bien de tomarla como ejemplo. Porque si esa persona ganó 2 veces, no fue solamente porque la diosa fortuna le sonrió justamente dos veces, sino porque esa persona introdujo al menos 2 facturas en el bombo. Es decir, esa persona hizo lo que los propietarios del centro comercial buscaban al promover el bendito concurso: incrementar el consumo de los visitantes en el centro comercial al ofrecer un premio diario de Bs 1.000,oo. Y al incrementar su consumo, al introducir más facturas en el bombo, eso le permitió al ganador (torpe y arbitrariamente descalificado) tener más chance de ganar. Nada de ilegal hay en el proceder del doble ganador de esa noche, pues eso es lo que buscaba la gerencia del centro comercial. Que los visitantes consuman y consuman con la ilusión de llevarse el millón.

Pero los cachicamos que esa noche tuvieron la responsabilidad de realizar el concurso, no lo vieron así. La publicidad gratuita que pudieron obtener de un hecho evidentemente fortuito, fue algo que dejaron pasar de largo. Son ellos, como responsables de la promoción que requiere y busca el centro comercial en estos momentos, los que echaron a la basura una oportunidad que estaba de anteojito. En vez de balbucear, titubear e ir a preguntarle a una jovencita que apenas empieza a vivir, el locutor de sienes plateadas debió decir que se había presentado una situación en verdad curiosa: el ganador del primer premio, era uno de los ganadores de los 3 premios anteriores. Que viera el público, que viera bien, como al aumentar sus compras o consumos, una persona había logrado ganar por segunda vez esa misma noche y hacerse así con el premio de los Bs. 1.000,oo. Entonces ya saben (pudo haber agregado el desanimador) mientras más consuman, mientras más compras realicen, más oportunidades tienen de ganar, como acaba de suceder con el afortunado doble ganador de esta noche.

Triste, pero aleccionadora experiencia la vivida por KBULLÍN en el CENTRO CIUDAD COMERCIAL “ESTAFISTA” 2, la noche del domingo 8 de marzo.




Habrá que ver con qué rápida piensan salirle a la clientela el día que se realice el sorteo del automóvil que aún no han empezado a promocionar. ¿Aparecerán premios fantasmas previos? Quien gane uno de esos premios previos, ¿no podrá acceder al premio mayor? ¿Se llegará en verdad a realizar el sorteo del carro o será suspendido por falta de compras suficientes, dada la crisis que se avizora en un horizonte extremadamente cercano? ¿Se preocupará el personal del CENTRO CIUDAD COMERCIAL ALTAVISTA 2 de tramitar la permisología correspondiente ante el INDECU, INDEPABIS o como llegue a llamarse en ese momento el instituto de protección al consumidor ante promociones, ofrecimientos, publicidades y ofertas engañosas?

O, simplemente realizarán un concurso al margen de la ley, como tal parece que está siendo llevado a cabo el presente concurso, ya que por ninguna parte de la promoción y publicidad desplegada puede verse la famosa oración de PROMOCIÓN NOTIFICADA AL INDEPABIS.



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