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Desde el escritorio de KBULLA

Monsieur l'abbé, detesto lo que escribe, pero daría mi vida para hacer posible que Ud. continúe escribiendo. (Carta de Voltaire a M. le Riche. Febrero 6 de 1.770)


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Ciudad Guayana, martes, 2 de diciembre de 2008

EL ABUSADOR, ESE MAMARRACHO TAN NUESTRO.

No sé a ciencia cierta cuándo comenzó, pero la vivencia del día a día me hace sentir que se trata de un cáncer que ya está alcanzado la metástasis. No me refiero a situaciones como el hampa desbordada, la corrupción gubernamental o el colapso y desplome de los servicios básicos; servicios estos que todo Estado debe garantizar. No. Me refiero al abusador anónimo que convive entre nosotros y hace en extremo desagradable la convivencia social de los venezolanos. Este especimen, ante la ausencia de una reacción, de una posición de resistencia y de denuncia por parte de los afectados (que somos todos) crece y se propaga sin control alguno, como la bora o la lemna en los lagos y embalses venezolanos y lamentablemente goza y gozará de buena salud, mientras nosotros asumamos una posición de “ese no es problema mío” o “yo sólo no puedo hacer nada al respecto”.

Son muchas las veces que he estado tentado escribir al respecto, pero después pienso que eso de hacer un post para simplemente presentar o exponer situaciones personales de lo que ya resulta una rutina en nuestro diario discurrir por esta Tierra de Gracia, no tiene mucho sentido. Pero la realidad es, que poco o nada se escribe sobre este flagelo y en ese punto, también nos estamos convirtiendo en cómplices al no denunciar lo que todos sabemos (incluido el abusador) es una agresión abierta contra la convivencia social y que a la larga puede acabar con una sociedad con este tipo de conducta en vez de ser la excepción se convierta en modelo de comportamiento..

En estos días, mientras conducía de regreso al trabajo, iba oyendo el programa NI TAN CALVO… y el locutor Pedro Luís Flores hacía mención a una situación que acababa de vivir un amigo suyo con la compra de unos muebles. Los muebles llegaron en el color equivocado y al ir a reclamar y mostrar que hasta la factura especificaba claramente el color escogido, la encargada de la mueblería le contestó que hubo un error, pero que el cambio de los muebles al color requerido por el cliente, implicaba un costo adicional de los no tan lejanos Bs. 900.000,oo de los de antes. Aunque Pedro Luís Flores no explicó la razón del recargo, era obvio que se trataba del flete que había que pagar para traer los muebles correctos. Ese es uno de los casos de abuso más inexplicables que existe, ya que todo comerciante debería tener claro que un cliente servido es un cliente que premiará tal comportamiento con su fidelidad. Por el contrario, un cliente mal atendido se defenderá con el arma más peligrosa que existe y esa es la lengua. El cliente mal atendido contará en el trabajo, en la casa, a los vecinos, al compadre y cualquiera que quiera oírlo despotricar por 2 ó 3 minutos, el abuso del que fue víctima en tal o cual establecimiento. El sentido común mueve a pensar que el comerciante abusador no solamente perdió un cliente, sino a muchos otros potenciales clientes, los cuales irán a su vez contando, modificando, transformando y exagerando la vivencia original. Pero eso es lo que mueve a pensar el sentido común. Por alguna extraña razón, son muchas las personas que sabiendo que en un establecimiento en particular se trata mal al cliente, insisten en acudir al mismo. ¿Acaso no nos suena familiar la expresión “es que los venezolanos parecemos masoquistas”?

Pero hay otro tipo de abusos que no están representados en una figura jurídica, sino que más bien forma parte de eso que yo llamo el abusador anónimo. El día de las votaciones llegue al centro de votación a las 5:50 A.M. y había como unas 15 personas por delante de mí. De repente llegó un señor como de unos 48 a 50 años de edad y se colocó detrás de mí. No habían transcurrido ni 3 minutos y el señor me dijo que tenía que hacer ciertas cosas, pero que sus hijos estaban a punto de llegar y que por favor les guardara el puesto. La verdad que uno pensaba que los muchachos podían estar estacionando el auto o algo así. Como a la media hora volvió a aparecer el personaje y vio que sus hijos no habían llegado. Para ese momento ya había como unas 30 ó 40 personas por detrás de mí, y yo llegué a pensar que posiblemente se trataba de 2 menores de edad que vendrían con su madre. No en balde KBULLÍN (quien ahora tiene 11 años) nos ha acompañado a todos los actos de votación desde el Referéndum Presidencial en 2004, y siempre haciendo cola (junto con sus padres) desde antes de las 5 de la mañana. El personaje vuelve a aparecer como a eso de las 7:00 de la mañana y se pone detrás de mí en la cola y luce nervioso. De repente va y me muestra unas fotos y me dice que esos son sus hijos, que él tiene que entrar en el centro (resultó que era miembro de una de las mesas) y no podía seguir esperando. Todavía no se había separado de la cola cuando me dijo: allí vienen. Efectivamente, pasando por delante de unas 150 personas más o menos, llegó una parejita con edades entre los 20 y 24 años y se colocaron en el puesto del querido papá, quien en realidad había madrugado por el cargo que tenía que desempeñar. De otra forma, me imagino que hubiese hecho como la parejita, llegar tarde y colearse con la ayuda de algún conocido que lograse ubicar en la cola. El chico y la chica se incorporaron a la fila con ese aire de indiferencia y ausencia de sentimiento de culpa que, me imagino, es producto de la experiencia adquirida en las muchas ocasiones en que deben haber hecho lo mismo. Quizás no se hayan todavía graduado en la universidad, pero en viveza tienen un PhD.

Como de costumbre, vi como algo corriente, el hecho de que nadie del pocotón de gente que estaba por detrás de mí, antes de la aparición de estos querubines paracaidistas, ni siquiera dijese ñe por la colocación dentro de la cola de 2 perfectos arribistas. Y eso que la gran mayoría (al igual que yo) estaba haciendo cola, el que menos, como desde una hora atrás, por no decir casi 2 horas. Encima, el varoncito entabló conversación con uno de los afectados y le contaba la sacrificada vida de su abuelo (inmigrante italiano de los años 50) y de como se había establecido de zapatero en Caracas, hasta que finalmente había echado raíces y hasta fallecido en la ciudad de Puerto Ordaz. La verdad que no sé en qué parte de la formación, que el abuelo dio al hijo (el padre de los querubines) y éste a su vez a los nietos del inmigrante, se perdieron los valores y el sentido de vergüenza (que estoy seguro que el viejo patriarca italiano tenía) como para que la parejita de jóvenes coleados se sintieran orgullosos de su abuelo (al extremo de hacerlo público) pero que a la vez fuesen incapaces de entender que si el abuelo estuviese vivo, es muy posible que él no se sintiese orgulloso de ellos en ese preciso momento. De todas formas, esta situación me sirvió para aleccionar a KBULLIN sobre el incorrecto proceder, tanto del padre alcahueta, como de los hijitos de papá incapaces de madrugar, como siempre lo ha hecho en todos los eventos electorales mi KBULLIN, a pesar de sus 11 años.

El sábado fui con la familia a ORINOKIA para asistir al cine. Fuimos a ver BEVERLY HILLS CHIHUAHUA. Como de costumbre, hubo que hacer una cola (por más de media hora) para reclamar unas cotufas requete pagas, amén de dejar en la caja registradora un monto superior al de las entradas del cine por la compra de refrescos, tequeños y pare Ud. de contar. Cuando me llegó el turno, acudí a la caja registradora correspondiente y en el momento en que estoy siendo atendido, apareció un señor como de unos 36 años en camisa a cuadros blanca con rayas negras, de manga larga y con apariencia de ascendencia ítalo-ibérica y como el que no quiere la cosa, se me puso al lado. El hombre notó que yo lo estaba mirando, así que procedió a hacer su pequeño show. No me dijo nada a mí, pero fue y saludó a la dependienta como si fueran amigos. La cara de la muchacha y la forma en que le contestó, evidenciaron que no era así. El personaje adoptó perfil bajo y se hizo el Willi. Sintiéndome incómodo por tener a un liso al lado, cuando lo normal es que todos esperemos a que el mostrador se desocupe para entonces acudir al mismo, fui y le dije:

-¿Y Ud. por qué no espera en la fila como todo el mundo? A lo que el sabrosón me respondió: -No entiendo, ¿qué le molesta a Ud. el que yo espere aquí?

Dándome cuenta que ese descendiente ítalo hispano luso (o lo que fuese) tenía una cara de escuálido que no se la brincaba un venao’ (y eso que la mía es de tamaño King, como los colchones) fui y le dije:

- Lo que pasa, es que habemos personas que criticamos mucho el comportamiento de Chávez y estamos desesperados porque deje el poder, pero resulta que nosotros con nuestro comportamiento no somos más que otros pequeños Chávez y esa es la razón del porqué Chávez será eterno. Todos hacemos lo que nos da la gana y aquí no ha pasado nada, hasta que salimos del país y llegamos al aeropuerto de Miami y ahí si es verdad que respetamos la línea amarilla en el piso, hasta que la taquilla del inspector de aduanas quede libre. ¿Verdad?

Al sabrosón se le escapó una sonrisa y agachó la mirada contra el mostrador, pues obviamente ha viajado y sabe que en el exterior sí nos comportamos como personas civilizadas, nos tratan como lo que somos: unos mamarrachos. En situaciones enojosas como ésta, lo lógico sería que el cine tuviese entrenado a su personal para hacer frente a las mismas. Si la muchacha le hubiese dicho al “Sukhoi criollo” que hasta que él no volviese a la fila, ella no podía seguir atendiéndome, ese tipo de situaciones no se presentarían. No hace falta llamar al personal de seguridad, sólo empatía, compromiso y firmeza en el proceder por parte del personal del cine.

Eran las 3:25 cuando salí de la zona de comidas y la película comenzaba a las 3:30. Al llegar frente a la sala 4, me encontré que la gente hacía cola para entrar, pues la sala no estaba habilitada. Después de unos 5 minutos dieron acceso a la misma, solo que dentro del pasillo de la sala, bloqueando la puerta, estaba una de las empleadas del cine que estaba pidiendo ver los tickets a las personas que llevaban sus manos ocupadas o bien agarrando sus hijos o bien cargando las bandejas que nos dieron a cambio de dejar una buena cantidad de dinero en la zona de comidas . El CINES UNIDOS de ORINOKIA conserva la misma infraestructura y arreglo de cualquier CINES UNIDOS del resto de Venezuela. Es decir, hay un gran pasillo y a ambos lados del mismo están dispuestas las salas. Para tener acceso a dicho pasillo hay que pasar un punto de control en donde es obvio que se pidan los tickets. Dicho de otra forma, las personas que estaban frente a la sala 4, necesariamente tuvieron que pasar previamente por el punto de control de acceso al pasillo central. Puede que alguien que haya salido de ver otra película, intente ver ésta gratiñán, pero eso sería un caso puntual que debe ser resuelto con un procedimiento puntual y no molestando y poniendo en entre dicho la honradez de los padres frente a los niños. Porque los comerciantes nuestros parece que no terminan de entender, es que mientras no haya un resquicio de duda al respecto, no se puede poner en entre dicho la honorabilidad de las personas.

A pesar de lo absurdo y abusivo de la situación, volvió a suceder lo que estoy cansado de ver, cada vez que se presenta una situación de estas: la gente mansamente se detenía y hacía malabarismos para enseñarle el comprobante del ticket a la muchacha. Llegó mi turno, y en voz bien alta le dije (al tiempo que impulsaba a KBULLIN con el brazo; la pobre Doña KBULLA fue de las que se detuvo a mostrar su comprobante):

-Mire señorita, yo no le voy a mostrar nada. Esto es un abuso. Ya el ticket lo mostré en donde tenía que mostrarlo, y encima de que nos ponen a esperar de pie ahí afuera, ahora viene Ud. con eso. Si Ud. quiere en verdad ver mi ticket, venga hasta el lugar en donde me voy a sentar y allí se lo muestro.

Seguí avanzando al interior de la sala, al tiempo que vociferaba el porqué a los venezolanos siempre tienen que tratársenos mal en los comercios. Tristemente, nadie me secundó. Todo eran sonrisas y afirmaciones silentes con el gesto. Pero nadie de los que entró junto conmigo, se atrevió a condenar el abuso en forma abierta. Dicho de otra forma, se comportaron como “borregos que van al matadero”.

Y es que la gente se siente como obligada o comprometida y se comporta como si les estuviesen haciendo un favor al abusador. Como si no entendiesen, que no hay ningún favor, y que si no pagasen lo que pagaron, no hubiesen llegado hasta el interior del pasillo que dá a las salas de proyección.

Paradójicamente, en la pantalla se transmite un comercial en donde se condena la compra de películas piratas. Quizás si los cines pusiesen de su parte por atender al cliente, minimizando en lo posible la formación de colas (es increíble el número de taquillas que se encuentran cerradas, tanto en la zona de venta de boletos como en la de comidas) haciéndole sentir que es bienvenido y cuidando el orden que debe reinar en estos recintos (Doña KBULLA tuvo que calarse a unas señoras sentadas detrás de ella, que hicieron varias llamadas telefónicas durante la proyección) no fuese necesario transmitir ese comercial.

Lo más lamentable, es que las situaciones descritas no son la excepción, sino la rutina. En un comentario que realice en este post de KIRA, le comentaba sobre una vivencia que había tenido unas semanas atrás en un establecimiento de FARMATODO. Paradójicamente, ayer volví a acudir a FARMATODO y cuando estaba comenzando a firmar el voucher de la tarjeta de crédito, la cajera no esperó a que terminara de firmarlo y recogiese una buena cantidad de bolsas (la compra fue lo suficientemente voluminosa como para que el lunes, SEGURIDAD MERCANTIL me contactase para verificar la transacción) sino que empezó a atender a otro cliente que, como ya es costumbre, no estaba esperando a una distancia prudencial (en FARMATODO no hay línea que fije un límite para la espera y si la hubiese sería lo mismo) y que al igual que la cajera poco le importó que yo todavía estuviese enredado con vouchers y bolsas . Claro, este desaire de las cajeras no es exclusivo de FARMATODO. Debo reconocer que lo vivo en casi todos los establecimientos, incluyendo los muy americanizados (en realidad tropicalizados) fast foods. Creo que el único lugar en donde he visto que la gerencia se ha molestado por entrenar a las cajeras para que no atiendan al próximo cliente hasta que el que está siendo atendido haya recogido su mercancía, son los supermercados SANTO TOMÉ.

En su libro AUTOESTIMA: ECOLOGÍA o CATÁSTROFE (1987), el psicólogo Manuel Barroso nos dice:

“La marginalidad como status y profesión, conlleva carencia de “sí mismo”, negación de su propia experiencia, no conciencia, no contacto con sus necesidades y falta de objetivos personales. El marginal vive en la desvalorización, cultiva la pasividad y le rinde culto a la dependencia, a la amargura y a la resignación”.

“Marginal es el desarraigado, el desubicado, el que se impide el crecimiento, el que se niega a ser lo que es, no expresando sus sentimientos y sus necesidades, el que cambia todo por cosas, artefactos, para sentirse querido y en contacto. Marginal es el que no acepta límites y se convierte en un invasor de los demás, el que responde con violencia inmediata a la necesidad y desconoce las necesidades de otros y el que utiliza a los otros como recursos, ignorando los propios; el que vive de la contingencia, sin centrarse en su aquí y ahora, vive del tal vez, del quizás, del de repente, del por si acaso, de a lo mejor, o el ya veremos. El marginal vive del accidente inesperado, de las inclemencias del tiempo, de las enfermedades hereditarias, de la traición del amigo y de los prejuicios sociales. Vive de prisa y en confusión, sin contacto. Predica la revolución, aunque jamás se haya sometido a la suya propia.

Y en su libro AUTOESTIMA DEL VENEZOLANO (1992) nos plantea:

El venezolano reacciona ante un terremoto, un accidente, un evento. Inmediatamente se hace solidario. Pero se paraliza ante el irrespeto, la agresión, el desafuero, el atropello.

Si vas en avión, “los venezolanos” se persignarán al ascenso, se echarán palos de pie durante el vuelo y aplaudirán al descenso, se pondrán de pie antes de tiempo, se molestarán si algún sobrecargo les llama la atención y dejarán que sus hijos corran a sus anchas por los pasillos de la nave, sin cuestionarse si molestan a los demás que también tienen derechos.

Y es que el mayor problema que tenemos los venezolanos, tal y como lo expresa en la contratapa de la primera edición de su libro AUTO ESTIMA DEL VENEZOLANO, es la falta de una educación integral en donde se nos enseñe a ser personas. Es decir, a saber vivir en sociedad:







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4 COMENTARIOS:

A las 9:54 a. m., Blogger Troka vino y dejó por escrito:

A mi modo de ver el ciudadano no quiere ( o no le interesa) portarse decentemente, hacer una fila en orden, esperar que se ponga la luz del semáforo, no quiere atender bien a los clientes o usuarios....es simplemente una cuestión de educación y comportamiento, y mientras sigamos así, tendremos lo que actualmente tenemos: un caos a todo nivel.

Saludos!

 
A las 9:23 a. m., Blogger Rafael Eduardo Suárez P. vino y dejó por escrito:

Una vez me dijeron "la marginalidad se lleva en la sangre"... y no pude estar mas de acuerdo. Cuantos pendejos como nosotros hay por ahí, criticando pero no educando con el ejemplo. Muy buen post, me cagué de la risa con lo de la cola en dia de las elecciones y el italo-iberico-oligarca-pitiyanqui del cine... a mi mucha gente se me arrecha por que me gusta exigir mis derechos y por eso casi no salen conmigo, pero de verdad las vainas son como son, si tu estas pagando por un servicio DEBES exigir que seas bien atendido! Saludos desde Barquisimeto.

 
A las 2:50 p. m., Blogger Kira vino y dejó por escrito:

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

 
A las 2:55 p. m., Blogger Kira vino y dejó por escrito:

Mi suegra me comentó hace poco una anécdota que le ocurrió en un avión yendo a Maracaibo donde iba a dictar unos cursos. En la cabina iba un equipo de fútbol caraqueño y aparentemente el jugador estrella andaba con un portátil de música a todo volumen. Ella le pidió que bajara el volumen y el tipo le dijo que no porque él y sus amigos estaban escuchando la música. Llamó a la azafata, la cual le dijo que no podía hacer nada al respecto, el entrenador también le pidió que le bajara el volumen y el jugador le contestó con impertinencia diciendo que él hacía lo que le daba la gana. Ante la continua queja de mi suegra la solución de la azafata fue pasarla al frente del avión en los primeros puestos. Al aterrizar hubo gente que comentó que tenía razón en reclamar a lo que ella contestó qué si eso era así porqué no la apoyaron y más o menos les dijo que por eso era que el abuso se generalizaba en Venezuela. Luego cuando se bajaba el equipo, poco antes de llegar adonde mi suegra sacaba su maleta de mano, ella le volvió a reclamar al tipo y su pandilla la falta de respeto para con los demás y antes de que pudieran replicarle les dijo "Ojalá pierdan" y se volteó y se fue... Lo gracioso del cuento fue que perdieron y que espero que los susodichos entiendan que su conducta los empavó. Que para la próxima más les vale respetar la tranquilidad de la gente, más si una de las agraviadas es una señora de 70 años voluntariosa y clarísima de sus derechos.
¡Saludos, Kbulla!

 

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