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Desde el escritorio de KBULLA

Monsieur l'abbé, detesto lo que escribe, pero daría mi vida para hacer posible que Ud. continúe escribiendo. (Carta de Voltaire a M. le Riche. Febrero 6 de 1.770)


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Ciudad Guayana, viernes, 15 de septiembre de 2006

DEJA A ESA NEGRA BAILAR EN PAZ.

En una de mis tantas divagaciones oníricas, y muy a pesar de la perturbadora y constante presencia de la imagen de extensos y frondosos viñedos, rebosantes a reventar de toneladas y toneladas de verdes uvas, amén de la recurrente figura de DOÑA KBULLA (aka YAMILET, con todo y su GILLETTE) me imagino un encuentro con la sin par MARIANNEXTREME y, aunque ustedes no lo crean, lo único que se me viene a la mente es decirle:

-¡Mi negra, échate pa' acá!

Porque, aquellos que la conocen, tienen que convenir conmigo, que si bien no es una expresión para nada original, cuando uno está en frente de MARIANNEXTREME, a uno lo que el cuerpo le pide es precisamente eso:

- ¡Échate pa' acá mi negra!

Y al tiempo que se acerca (con todo y sus JLO'S) suena en nuestra mente (en un poderoso sistema dolby soundround home teather) la portentosa voz de Celia Cruz cantando:

La negra tiene un tumbao', y no camina de lao'.

Y es que en esta sociedad del café con leche, todos tenemos “un negro” o “una negra” que es motivo y razón de nuestras atenciones, cariños, amistad y muchas veces preocupación y desvelos. Cuando nos dirigimos a alguien y le decimos “mira negro” u “óyeme negrita” para nada estamos siendo despectivos. Todo lo contrario. Y no es una expresión que podamos decir que monopolizamos. Es muy común en los países caribeños y hasta he oído que se utiliza en ciertas regiones del Perú. Por eso resulta una soberana estupidez que vengan unos representantes de una de esas ONG que uno no sabe de su existencia hasta que al “que te conté” le duele un callo, a decirnos que el uso de la expresión “mi negra” oculta una actitud racista.
.
Fue curioso que estos señores se autocalificaran de afrodescendientes o afrocaribeños (no recuerdo bien) pues siempre pensé que ese tipo de expresiones pertenecían a esos extraños sistemas de calificación elaborados por los WASP (White Anglo Saxon Protestant). Hasta resultó curioso (por no decir ridículo) oír a esos venezolanos hacer uso de la palabra “gente de color”, como si aquellos que no son negros resultasen ausentes de color. Es decir, algo así como translucidos o transparentes. En fin, recuerdo cuando en mis años mozos estuve viviendo allí en los “iunaited staited” y un día, al montarme en el bus que tomaba diariamente, el chofer me dio un cuestionario elaborado por la municipalidad referido a la opinión que tenía el usuario sobre la calidad del servicio del transporte público. Sí, en la tierra del “immmperio” alguna que otra vez (y no necesariamente en época electoral) se tiende a averiguar y evaluar la opinión de “los lacayos”. Entre las muchas preguntas clasificatorias estaba la de la raza. Pero no se trataba de decir que usted era blanco o negro o amarillo. No. Allí había toda una tabla de subclasificaciones o categorías que me pusieron a dudar, al extremo tal, que llegué a pensar para mis adentros “Dios mío, ¿qué seré yo?”. En el apartado correspondiente al “blanco” estaban los caucásicos, los eslavos, los sajones, los hispanos y pare usted de contar. Otra clasificación parecida había para el caso de la raza negra; se hacía mención al black american (¿?) al africano (sin importar si tus “abuelos” venían de Marruecos o de Somalia) y pare usted nuevamente de contar. Repito, siendo nuestra sociedad del tipo café con leche, en la que un hermano resulta ser el teléfono de la familia (¡cacho! ¡cacho!) o la prima de la tía todo un salto atrás, deben entender que yo no hallaba qué contestar. Lo curioso es que los dolientes del reclamo de esta historia bufa no eran eso que ellos denominaron “gente de color”. Siguiendo en el ambiente del café con leche, uno de ellos parecía un marrón corto y el otro un capuchino espolvoreado de canela. El discurso y las ideas, todo un guayoyo.

Mi opinión sobre Rosales y su campaña populista ya la dije oportunamente en su momento y para nada ha cambiado. Sin embargo, debo reconocer que el uso de la expresión “mi negra” es algo con lo que cualquier venezolano se identifica y no conlleva una carga de odio o división sino todo lo contrario. En contra de lo que ya resulta un manido discurso, en el que las palabras batalla, enemigo, lucha, oligarca, escuálido, guerra, imperialismo, derrotar, podridas, putrefacta, y un largo etc. resultan ser de uso común y obligado, la utilización de la palabra “mi negra” ha tenido una gran receptividad o aceptación y como dirían los publicistas, resulta de gran efectividad tanto por su alto nivel de recordación como por la identificación que el escucha tiene para con una expresión...tan venezolana.

Sin embargo, si el lector piensa que la gente de Rosales fue muy creativa, lamento decirles que están equivocados. Aprovechemos para recordarle a los desmemoriados, que Rosales tiene el "estigma" de haber sido adeco, como resultan serlo muchos otros camaleónicos personajes de nuestra política nacional. Pues bien, un uso similar dieron a la palabra “negro” los adecos en las elecciones presidenciales de 1963. Fue un momento duro, pues la guerrilla urbana se había propuesto que no hubiese elecciones. Había un gran miedo por la amenaza de francotiradores que estarían apostados cerca de los centros electorales para que los venezolanos no acudiesen a votar. De hecho, hubo centros en los que ocurrieron acciones de este tipo que tuvieron que ser repelidas por las Fuerzas Armadas (no confundir con la Fuerza Armada). Bajo la consigna de “votos sí, balas no” se llamaba a votar al venezolano. En una Venezuela rural y analfabeta se invitaba a votar al elector dándole como salida a sus eventuales limitaciones la recordación de un color. Los adecos eligieron una tarjeta de fondo negro. En el centro de la misma aparecía un sencillo dibujo (de color blanco) que representaba a un campesino con su típico liqui liqui de pantalón por encima del tobillo, alpargatas y sombrero de cogollo. El slogan de la campaña tenía un doble sentido. Por un lado se hacía un llamado para que el venezolano acudiese a votar. Por el otro, se le indicaba la acción que debía de ejecutar una vez que estuviese detrás de la cortina: ¡VOTA NEGRO!. Y les juro que en aquel momento a ningún bobolongo se le ocurrió venir a decir que detrás de esa expresión de “vota negro” se escondiese una actitud racista.



Quienes quieran saber la razón de porqué Acción Democrática cambió del color negro al blanco, pueden leerlo aquí. Quiene piensen que tengo una fijación con MARIANNEXTREME por citarla dos veces en mis posts y encima en forma consecutiva, les juro que no es así. Pero ¿qué culpa tengo yo que vengan unos "onejudos" y me la pongan bombita? De todas formas, no me van negar que esa negra si tiene cohimbre, ¿no?

Y pudiera seguir ecribiendo y contar sobre los otros personajes que aparecen en las otras tarjetas electorales de la foto, pero el hecho es que la gente entra aquí y lee y comenta, comenta y lee...pero no hay nadie que diga, toma mi negro este fuerte.

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3 COMENTARIOS:

A las 12:01 p. m., Anonymous Bucanero vino y dejó por escrito:

A usted como que no le dan lo suyo en casa. Se nota una libido no madurada por el cambio del objeto.

 
A las 3:06 p. m., Blogger RomRod vino y dejó por escrito:

jeje me hiciste acordar de un trabajo que leí hace poco de la academia nacional de la historia sobre la "limpieza de sangre". Te lo paso por correo para que le eches una mirada que está bueno.

 
A las 3:39 p. m., Anonymous Maléfica vino y dejó por escrito:

Imagínate lo que sufrirían (de existir) los magos al estilo Harry Potter buscando en Venezuela a su príncipe mestizo.
Por cierto, no es privilegio de latinoamericanos eso de llamar "negra" a alguien de la familia. En la de mi mamá (son portugueses) una de mis tías era "a preta" (la negra) en contraposición a sus hermanas que eran "la blanca" y "la parda"
¿y cómo haremos con esa manía de llamar "chino" a todo el que tenga los ojos cerraditos? ¿será discriminatorio también?

 

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