ORINOKIA MALL, CENTRO DE COMPRAS Y ESPARCIMIENTO DE LOS GUAYANESES.
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El 29 de noviembre del año pasado, Ciudad Guayana fue por primera vez premiada con la inauguración de un centro comercial en donde lo más importante es el cliente. Hasta entonces, los tímidos avances en la construcción de edificaciones que agruparan un conjunto de tiendas, no sólo estaban completamente reñidos con el más básico sentido estético de la arquitectura, sino que se intentaba aprovechar al máximo el área del terreno, para convertirlo en locales comerciales que permitieran a los inversionistas obtener el mayor beneficio económico con la menor inversión posible. Es así, como uno se encontraba con edificaciones de hasta 3 y 4 pisos, con pasillos estrechos, carentes de aire acondicionado, baños o facilidades para minusválidos, amén de mínimos espacios de estacionamiento, pero eso sí: atestados de tiendas; muchas de ellas con una verdadera apariencia de madriguera, dado lo breve de su tamaño.
Ayer, sábado 17, se llevó a cabo en las instalaciones del ORINOKIA MALL la rifa del gran premio correspondiente al primer aniversario de la inauguración del centro comercial: un Mercedes Benz C200 K, valorado en más de 180 millones de bolívares.

A las 5:00 P.M. y a las puertas de lo que algún día será el anfiteatro del ORINOKIA MALL, se dio inicio al evento, con la informalidad, despreocupación y paciencia propia de los venezolanos, los cuales permanecieron de pie durante las 2 horas que duró el acto hasta el momento del sorteo. Quizás, queriendo darle un pequeño aire cultural al evento, hubo una pequeña intervención de la coral femenina de la UCAB, la cual a mí me pareció bastante deslucida, ya que ésta se inició sin la presencia de todas sus participantes. De paso, no había uniformidad en el uso del vestido (una especie de pañuelo multicolor, era utilizado por algunas muchachas como bufanda, otras lo terciaron en torno a sus caderas, con un evidente toque de coquetería femenina) y aunque entiendo que no era su intención, los números escogidos para la actuación no lograron despertar mayor entusiasmo en el publico.
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Después, hubo otra pequeña intervención de la coral de trabajadores de SIDOR, la cual si mostraba la organización y disciplina que les faltó a las estudiantes universitarias y de paso, se despacharon con un popurrí de boleros, golpes tocuyanos y calipsos, que sí calaron en la audiencia.
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Acto seguido, la pareja animadora interactuó con el público, repartiendo tickets para el concurso, entre las personas que acertaran las respuestas de unas trivias en torno al ORINOKIA MALL. KBULLÍN acertó con una de las mismas, razón por la cual conseguimos contar con el “ticket del estribo”. Nada podía entonces salir mal. EL KBULLA estaba apertrechado de un número de tickets muy superior a la emisión de los famosos Bonos del Sur por parte del gobierno. ¡Cómo iba a pelar ese boche!

Los tickets, contenidos en varias urnas de plexiglass, se vaciaron en una piscina inflable (de esas de niños) y se invitó a varios pequeñines a que fuesen a mezclar los mismos y que, a la cuenta de 3, lanzaran un puñado de ellos al aire, en donde la notario pública intentaría agarrar el ticket ganador.
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Como el lector podrá comprender, el hecho de que yo esté aquí, escribiendo este post, es signo inequívoco de que la diosa fortuna me sigue ignorando, ya por demás en forma reiterada. De todas formas (y para que quede para la posteridad) a continuación les presentó la foto del momento en que la notario no pudo alcanzar uno de los tickets de EL KBULLA, a pesar del evidente esfuerzo que puso y que se puede ver reflejado en su rostro.
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