EL DÍA QUE PUDE VER EL PODER DE SUCRE FIGARELLA.
No recuerdo quién, pero una vez leí que, en la época de Rómulo Betancourt, alguien hizo mención a que el Presidente debería de visitar el interior del país más a menudo, pues era en ese momento (y sólo en ese) que los gobernantes regionales se preocupaban de hacerle un cariñito a la ciudad que había sido "bendecida" por la decisión del primer mandatario de visitarla.
Puerto Ordaz, que no Ciudad Guayana (se conoce como Ciudad Guayana a la unión de las ciudades de Puerto Ordaz y San Félix) se ha visto nuevamente “bendecida” por la visita del ciudadano Presidente. Al igual que otras veces, la ciudad, que estaba sumida en el mayor de los abandonos (al cual los guayacitanos no están acostumbrados) salió de su letargo para ver como, nuevamente, se procedía a cortar la maleza, recoger la basura, poner un torpe mazaclote de asfalto mal apisonado (peor es nada, diría MIGUEL PINTO) en los baches, pintar el rayado de las avenidas, así como las consignas cazabobos (de olvidadas promesas políticas) en los muros perimetrales de ciertas calles. Todo esto, realizado en tiempo record y por un verdadero contingente de trabajadores a destajo. Hasta las indias warao, que cargando un recién nacido apelan a la compasión de los choferes en los semáforos, no estaban en tan importante día para Venezuela. Y, al igual que todas las veces anteriores, este “maquillaje” sólo se llevó a cabo por las vías por donde iba a pasar la comitiva presidencial. Ni un milímetro más allá, ni un milímetro más acá. Sólo lo necesario. Como dice mi mujer: hicieron como la recién casada, que barre apuradita por donde va a pasar la suegra, creyendo que la va a engañar.
Esta momentánea dicha, pero dicha al fín, no le ha tocado a San Félix. Siendo San Félix la ciudad donde reside (en su mayoría) ese estrato social que hoy en día se ve engalanado al llamársele en exclusividad pueblo, la verdad es, que las visitas del ciudadano Presidente se han enfocado más hacía Puerto Ordaz. Dicen por ahí, que cada vez que un mandatario extranjero visita Venezuela, nuestro Presidente gusta de traerlo al Complejo Industrial de Guayana, pues sería éste el único lugar de Venezuela en donde las chimeneas siguen cumpliendo con su ingrata misión de empobrecer la calidad del aire. Es decir, las industrias están en pleno funcionamiento.
Uno, que le ha tocado acostumbrarse a vivir este breve sueño (de orden y limpieza) varias veces en los últimos años, añora la época aquella en que no existían alcaldías y la gobernación era un simple organismo estatal que nadie sabía a ciencia cierta qué hacía, en el caso de que hiciese algo. Las riendas de la ciudad las tenía la Corporación Venezolana de Guayana, conocida por todos como la CVG. Su primera etapa de esplendor se vivió cuando no existía Puerto Ordaz. Existían las empresas, un SIDOR y una Orinoco Mining Company (hoy FERROMINERA) pero lo demás era monte y culebra. Hubo que diseñar una ciudad para atraer la fuerza laboral a esta tierra inhóspita, por su extremadamente cálido clima y por la completa ausencia de los más básicos servicios. Esta tarea de verdaderamente sembrar el petróleo le tocó en buena parte al General Rafael Alfonso Ravard. A pesar de las limitaciones presupuestarias de esa época, se las ingenió para enamorar a ingenieros, geólogos, médicos, urbanistas y técnicos de todo tipo para que se vinieran a Guayana a inventar el futuro. Se construyó la represa de Macagua I, el puente sobre el Orinoco en Ciudad Bolívar, arrancó Gurí y el cuento es largo para este post.
El segundo gran momento de la CVG se dio cuando en el gobierno de Lusinchi se nombró a Leopoldo Sucre Figarella ministro de la CVG. A la CVG se le daba carácter ministerial y este hombre supo aprovechar bien esa distinción. Fuera del desarrollo industrial, este hombre se preocupó por darle servicios a los habitantes de Ciudad Guayana. La gente de la ciudad, que estaba acostumbrada a vivir la mayor parte del tiempo sin agua (a pesar de estar la ciudad a los pies de las intersecciones del Caroní y el Orinoco) vio como la CVG le quitaba al INOS la “administración” del “suministro” de agua potable y por primera vez se empezó a disfrutar de un suministro regular y continuo de tan vital líquido. Lo mismo pasó con el aseo, el ornato de la ciudad, el transporte público, la vialidad, etc. Todo estaba bajo el mando de la CVG y las cosas (los servicios) empezaban a funcionar. El Zar de Guayana, como se dio en llamarle, era un hombre de rostro hosco y carácter fuerte. Exigía resultados y donde no se daban, intervenía personalmente.
A Clemente Scotto (como alcalde) y Andrés Velásquez (como gobernador) les tocaría ocupar y desempeñar sus puestos cuando en realidad toda la dinámica de la ciudad (y buena parte del estado) estaba en manos de la CVG. Hoy, que tenemos a Scotto nuevamente como alcalde y que la CVG parece resignada a ocupar un papel más burocrático que otra cosa, podemos constatar que tan cierto era eso de que el verdadero burgomaestre de Ciudad Guayana, (en aquel entonces) era, para efectos prácticos, Sucre Figarella.
¿Qué tan poderoso era Sucre Figarella? Les voy a contar una situación que bien pudo haber sido circunstancial, pero que viví personalmente. Corría el segundo gobierno de CAP y en su carácter de Presidente, había venido a Guayana a la inauguración creo que de OPCO (Operaciones al sur del Orinoco) Yo, me dirigía ese día hacia una zona industrial llamada Punta Cuchillo, cuando al llegar a la intersección con el viejo camino de la FERROMINERA me ví detenido por una alcabala militar. Mi carro había quedado como de tercero. A los pocos minutos empieza a pasar, frente a los carros detenidos, la comitiva presidencial. De repente, veo que viene un autobús de lujo con ventanales laterales panorámicos. Resulta que, justo del lado en que estábamos detenidos, veo a CAP sentado frente (obviamente, los asientos eran enfrentados) a Sucre Figarella. CAP, por su gesticulación, le iba hablando. Si creen que lo que me llamó la atención fue el hecho de que el Presidente viajase en un simple autobús, están equivocados. En aquel entonces, no parecía que alguien quisiese matar al Presidente. Lo que llamó poderosamente mi atención, fue el hecho de que el Zar no lo miraba. Con su típica cara de pocos amigos, Sucre Figarella tenía el torso semigirado hacia el ventanal e iba viendo el paisaje, o ningún lugar. El hecho de que el ministro de la CVG (como subalterno del Presidente) ni se preocupase en hacer que veía a su interlocutor, me hizo pensar a mí de cuán poderoso era este hombre. Lo que tenía, lo que era y lo que representaba para Guayana, se lo debía a él mismo. No sentía la necesidad de fingir una supuesta pleitesía a quien parece, tampoco le caía bien. Como le ocurrió a la mayoría de la gente (que según dicen) les tocó trabajar con él.
Viendo hoy en día a la ciudad, sus gobernantes que pasan, y las maromas puntuales que realizan para intentar convencer a visitantes itinerantes de que están trabajando por y para la grandeza del estado ( y el Estado) pienso cuán difícil es que se vuelva a conseguir hombres de la talla de estos dos titanes de la CVG.
Este post es consecuencia de un comentario que empecé a desarrollar para un artículo en el blog de CALÉNDULA pero que me resultó tan largo que decidí, modificarlo en parte, y convertirlo en post personal.
Puerto Ordaz, que no Ciudad Guayana (se conoce como Ciudad Guayana a la unión de las ciudades de Puerto Ordaz y San Félix) se ha visto nuevamente “bendecida” por la visita del ciudadano Presidente. Al igual que otras veces, la ciudad, que estaba sumida en el mayor de los abandonos (al cual los guayacitanos no están acostumbrados) salió de su letargo para ver como, nuevamente, se procedía a cortar la maleza, recoger la basura, poner un torpe mazaclote de asfalto mal apisonado (peor es nada, diría MIGUEL PINTO) en los baches, pintar el rayado de las avenidas, así como las consignas cazabobos (de olvidadas promesas políticas) en los muros perimetrales de ciertas calles. Todo esto, realizado en tiempo record y por un verdadero contingente de trabajadores a destajo. Hasta las indias warao, que cargando un recién nacido apelan a la compasión de los choferes en los semáforos, no estaban en tan importante día para Venezuela. Y, al igual que todas las veces anteriores, este “maquillaje” sólo se llevó a cabo por las vías por donde iba a pasar la comitiva presidencial. Ni un milímetro más allá, ni un milímetro más acá. Sólo lo necesario. Como dice mi mujer: hicieron como la recién casada, que barre apuradita por donde va a pasar la suegra, creyendo que la va a engañar.
Esta momentánea dicha, pero dicha al fín, no le ha tocado a San Félix. Siendo San Félix la ciudad donde reside (en su mayoría) ese estrato social que hoy en día se ve engalanado al llamársele en exclusividad pueblo, la verdad es, que las visitas del ciudadano Presidente se han enfocado más hacía Puerto Ordaz. Dicen por ahí, que cada vez que un mandatario extranjero visita Venezuela, nuestro Presidente gusta de traerlo al Complejo Industrial de Guayana, pues sería éste el único lugar de Venezuela en donde las chimeneas siguen cumpliendo con su ingrata misión de empobrecer la calidad del aire. Es decir, las industrias están en pleno funcionamiento.
Uno, que le ha tocado acostumbrarse a vivir este breve sueño (de orden y limpieza) varias veces en los últimos años, añora la época aquella en que no existían alcaldías y la gobernación era un simple organismo estatal que nadie sabía a ciencia cierta qué hacía, en el caso de que hiciese algo. Las riendas de la ciudad las tenía la Corporación Venezolana de Guayana, conocida por todos como la CVG. Su primera etapa de esplendor se vivió cuando no existía Puerto Ordaz. Existían las empresas, un SIDOR y una Orinoco Mining Company (hoy FERROMINERA) pero lo demás era monte y culebra. Hubo que diseñar una ciudad para atraer la fuerza laboral a esta tierra inhóspita, por su extremadamente cálido clima y por la completa ausencia de los más básicos servicios. Esta tarea de verdaderamente sembrar el petróleo le tocó en buena parte al General Rafael Alfonso Ravard. A pesar de las limitaciones presupuestarias de esa época, se las ingenió para enamorar a ingenieros, geólogos, médicos, urbanistas y técnicos de todo tipo para que se vinieran a Guayana a inventar el futuro. Se construyó la represa de Macagua I, el puente sobre el Orinoco en Ciudad Bolívar, arrancó Gurí y el cuento es largo para este post.
El segundo gran momento de la CVG se dio cuando en el gobierno de Lusinchi se nombró a Leopoldo Sucre Figarella ministro de la CVG. A la CVG se le daba carácter ministerial y este hombre supo aprovechar bien esa distinción. Fuera del desarrollo industrial, este hombre se preocupó por darle servicios a los habitantes de Ciudad Guayana. La gente de la ciudad, que estaba acostumbrada a vivir la mayor parte del tiempo sin agua (a pesar de estar la ciudad a los pies de las intersecciones del Caroní y el Orinoco) vio como la CVG le quitaba al INOS la “administración” del “suministro” de agua potable y por primera vez se empezó a disfrutar de un suministro regular y continuo de tan vital líquido. Lo mismo pasó con el aseo, el ornato de la ciudad, el transporte público, la vialidad, etc. Todo estaba bajo el mando de la CVG y las cosas (los servicios) empezaban a funcionar. El Zar de Guayana, como se dio en llamarle, era un hombre de rostro hosco y carácter fuerte. Exigía resultados y donde no se daban, intervenía personalmente.
A Clemente Scotto (como alcalde) y Andrés Velásquez (como gobernador) les tocaría ocupar y desempeñar sus puestos cuando en realidad toda la dinámica de la ciudad (y buena parte del estado) estaba en manos de la CVG. Hoy, que tenemos a Scotto nuevamente como alcalde y que la CVG parece resignada a ocupar un papel más burocrático que otra cosa, podemos constatar que tan cierto era eso de que el verdadero burgomaestre de Ciudad Guayana, (en aquel entonces) era, para efectos prácticos, Sucre Figarella.
¿Qué tan poderoso era Sucre Figarella? Les voy a contar una situación que bien pudo haber sido circunstancial, pero que viví personalmente. Corría el segundo gobierno de CAP y en su carácter de Presidente, había venido a Guayana a la inauguración creo que de OPCO (Operaciones al sur del Orinoco) Yo, me dirigía ese día hacia una zona industrial llamada Punta Cuchillo, cuando al llegar a la intersección con el viejo camino de la FERROMINERA me ví detenido por una alcabala militar. Mi carro había quedado como de tercero. A los pocos minutos empieza a pasar, frente a los carros detenidos, la comitiva presidencial. De repente, veo que viene un autobús de lujo con ventanales laterales panorámicos. Resulta que, justo del lado en que estábamos detenidos, veo a CAP sentado frente (obviamente, los asientos eran enfrentados) a Sucre Figarella. CAP, por su gesticulación, le iba hablando. Si creen que lo que me llamó la atención fue el hecho de que el Presidente viajase en un simple autobús, están equivocados. En aquel entonces, no parecía que alguien quisiese matar al Presidente. Lo que llamó poderosamente mi atención, fue el hecho de que el Zar no lo miraba. Con su típica cara de pocos amigos, Sucre Figarella tenía el torso semigirado hacia el ventanal e iba viendo el paisaje, o ningún lugar. El hecho de que el ministro de la CVG (como subalterno del Presidente) ni se preocupase en hacer que veía a su interlocutor, me hizo pensar a mí de cuán poderoso era este hombre. Lo que tenía, lo que era y lo que representaba para Guayana, se lo debía a él mismo. No sentía la necesidad de fingir una supuesta pleitesía a quien parece, tampoco le caía bien. Como le ocurrió a la mayoría de la gente (que según dicen) les tocó trabajar con él.
Viendo hoy en día a la ciudad, sus gobernantes que pasan, y las maromas puntuales que realizan para intentar convencer a visitantes itinerantes de que están trabajando por y para la grandeza del estado ( y el Estado) pienso cuán difícil es que se vuelva a conseguir hombres de la talla de estos dos titanes de la CVG.
Este post es consecuencia de un comentario que empecé a desarrollar para un artículo en el blog de CALÉNDULA pero que me resultó tan largo que decidí, modificarlo en parte, y convertirlo en post personal.
