¿VOTAR, O NO VOTAR? HE AHÍ EL SMARTMÁTICO DILEMA.
Raro es no encontrarse a un coterráneo (no importa su posición social) que no juegue su terminal, triple, kino o cuadrito de caballos. En ese resuelve, momentáneo y fortuito, tiene cifrada sus esperanzas del día a día. Y no en la lisonjera y vacía promesa de nuestros politiqueros. Recuerdo la vez en que el encargado del depósito herramental de la empresa, descubrió que yo tenía una lupa en mi escritorio. –Préstemela un momentico jefe, que ya se la traigo, era la cantaleta de todos los días. A los pocos días de tan inusual pedido, no pude más y le pregunté: -Goitía ¿para que me pides la lupa todos los días? – Para ver a Panchita, jefe. -¿Ver a Panchita? –Si jefe, la que sale en Meridiano. Ni corto ni perezoso me fui al depósito junto con el obrero para descubrir que el muchacho pasaba la lupa sobre la caricatura y anotaba en un papel supuestos números que él adivinaba entre los garabatos o difuminados del dibujo. En esos números, aseguraba el joven, estaba el terminal o triple del día. Más adelante, en una entrevista que le hacían a Pedro León Zapata, oiría de la propia boca de tan irreverente personaje, que la gente hacía lo mismo con sus “zapatazos”. Zapata “lamentaba” que él no sólo no veía los números que la gente atribuía a sus caricaturas, sino que él no jugaba lotería.
Recuerdo un pequeño artículo que leí en su momento en El Nacional, bajo el primer gobierno de CAP (1.974-1.979). Un personaje conocido por pocos, escritor y político, fue a la Beneficencia Pública del Distrito Federal (ubicada en San Martín) a cobrar un billete ganador de la Lotería de Caracas (de diez cupones, o décimos) que había adquirido a un pregonero de la calle. - Lo siento señor, pero este billete no fue vendido, fue la lacónica respuesta que dio el funcionario al dueño del billete premiado. En aquel entonces no había teléfonos celulares. El personaje de marras fue y le espetó al empleado : - ¡Hágame el favor y me llama a DIEGO ARRIA! ¡Dígale que SANÍN quiere hablar con él! Tal y como le fue solicitado, el funcionario se comunicó con la Gobernación de Caracas y explicó lo que estaba pasando. A los pocos minutos devolvieron la llamada. El gobernador DIEGO ARRIA ordenaba que se le pagase el billete al señor. El señor en cuestión, era ALFREDO TARRE MURCI, que bajo el seudónimo de SANÍN, publicaba una columna política (de aguda e incisiva crítica) en la página C1 de El Nacional. El padre de Maruja Tarre y de Alfredo Tarre Briceño era una de las plumas más temibles con que contaba el oposicionista partido COPEI. Ni de broma iba DIEGO ARRIA a cazar pelea con toda una “phillipshave de cabezales flotantes”.
En otra oportunidad, y creo que mandaba Luís Herrera, a esta misma “Beneficencia”, le tocó el dudoso honor de ser el lugar físico en donde una aciaga noche, cinco (05) bombos arrojaron cinco (05) bolitas con el mismo número. Y para más ñapa (para que entiendan que García Márquez si se nutría de la crónica venezolana) el número en cuestión era el cero (0). Es decir, el número ganador era el 00000. Y, claro está, para regocijo de un RAFAEL SYLVA, dicho número no sólo había sido impreso, sino que se había vendido. Aunque, a decir verdad, nunca se publicó quién fue el “afortunado ganador”. Si alguien cree que estos escándalos sirvieron en alguna forma para escarmiento de los ludópatas venezolanos, están muy equivocados.
En épocas más recientes leí (también en El Nacional) un artículo en donde se entrevistaban a un grupo de profesores de la Escuela de Matemáticas y Estadística de la UCV. En dicho artículo, los catedráticos trataban de exponer en ideas fáciles de entender para el lector promedio, la imposibilidad de que cada 4 ó 6 semanas, resultase ganador único, un cartón con 15 aciertos, tal y como viene sucediendo hasta el sol de hoy. Hasta donde yo sé, este tipo de loterías gozan de tan buena salud y popularidad, que el profesor Merentes lo utilizó como modelo para catapultar al portaviones de Chávez en las famosas elecciones de la Asamblea.
Quizás también, basándose justamente en ese extraño comportamiento del venezolano -de insistir en participar en juegos de reconocida trampa, a nivel de vox populi- fue que el psiquiatra Jorge Rodríguez escogió las máquinas de venta de lotería OLIVETTI para ser utilizadas en los comicios electorales venezolanos. Ya saben, manipulación del subconsciente dizque le dicen. Proceso de selección por cierto, en el que no participó ninguno de los 2 representantes de la oposición ante el CNE. Detalle este, que poco importó a los políticos agrupados bajo esa entelequia autodenominada COORDINADORA DEMOCRÁTICA, pues el proceso estaba blindado. Entiéndase: BLINDADO. Por si acaso alguien no ha entendido, lo deletreo: B – L – I – N – D – A – D - O. Dicho de otra forma: acorazado, chapado, protegido, inviolable, inexpugnable, etc., etc. ¿Sus garantes y custodios? Ellos mismos. Los mismos que la mañana del 16 de agosto (explicaría más tarde Marta Colomina en su programa matutino del canal 10) no contestaban el teléfono de la casa y tenían el celular “coincidencialmente” apagado. Los mismos que exigían al CENTRO CARTER y a la OEA, que defendieran lo que ellos no se atrevieron ni tan siquiera a protestar en forma aunque fuese, digamos, un poco altisonante.
Estos mismos personajes, reconocen que la situación electoral lejos de mejorar, ha empeorado. Reconocen que hay más de un millón de personas inscritas como votantes sin dirección de habitación. Reconocen que hay miles de González que se inscribieron un mismo día y en un mismo municipio, por allá por el Edo Zulia, por tan sólo citar un ejemplo, perfectamente documentado en uno de los programas de GRADO 33. Reconocen que ha habido migraciones (realizadas en forma inconsulta por el CNE) de votantes hacia centros de votación lejanos de su lugar de vivienda. Reconocen que se han realizado divisiones de circunscripciones electorales (también desde el CNE) que no se corresponde con la densidad de población del lugar. Reconocen que la figura de las morochas le resta participación representativa a las minorías. Y hasta (a última hora) reconocen que las máquinas de votación (como cualquier computador conectado a un servidor) puede, no sólo almacenar y transferir, sino cambiar, modificar, permutar, etc, etc, los datos de acuerdo a la conveniencia de quienes las programan y controlan. También reconocen que tales máquinas son bidireccionales. Es decir , no sólo transfieren información, sino que también la reciben, como cualquier PC que, contando con tarjeta de red, esté conectada a un servidor. Pero eso, poco importa. Debemos ir a votar. Sí señor. No importa que "el árbitro esté vendido y cante penaltis y goles que sólo sucedan en su imaginación" (sic).
A mí me va a disculpar el amigo lector, pero yo, desde que era así de chiquitito y estaba en la escuela, me apartaba de aquellos personajes que hacían trampa en los juegos del recreo. Es más, no era una acción personal. La mayoría de los niños repudiábamos a tales personajes. Eran, de todos conocidos y amén de no ser nada populares, carecían prácticamente de amiguitos. ¿Qué clases de valores maneja el representante político que me llama hoy a volver a participar en un proceso que, hasta él mismo reconoce que para nada está blindado, que es poco menos que la crónica de otro fraude anunciado? ¿No serán estos, los mismos políticos que permiten que en la Asamblea se aprueben leyes con una mayoría porcentual que resulta lejana y falsa frente a la realidad existente de la actual relación de fuerzas en el Poder Legislativo, simplemente porque no acude a las sesiones plenarias en las que se votan tales leyes? ¿Busca el beneficio del elector o busca asegurar, una vez más, la curul para seguir rompiendo records de inasistencia al trabajo que sus electores le encomendamos?
La verdad que no entiendo al Sr. Petkoff, cuando dá a entender que las gobernaciones que se perdieron son el resultado de la abstención de la llamada oposición. Entonces Sr. Petkoff, ¿debemos entender que el proceso del Referendum fue tal y como no los vende el CNE? Decir que un Enrique Mendoza perdió porque la oposición no fue a votar, es reconocer que el proceso no se presta (ni se prestó) a trampa alguna. Que todos los reclamos y denuncias que se escuchan, se leen y se ven todos los días, no son más que cuentos de viejitas. O mejor dicho, manipulación de los mediatizados y fascistas medios de comunicación, de los cuales -por cierto- usted forma parte actualmente. Pues yo, lo veo desde otro punto de vista. Me va a disculpar este ejemplo tan simplón, pero mi cociente intelectual no dá para mucho. Si yo estoy jugando poker con un tahúr, éste no tendrá necesidad de sacar el as escondido en la manga, si el juego se dá de forma tal, que él vaya ganando. Pero en el momento en que las condiciones se le tornen adversas, puede tener seguro que hará uso de todos los artilugios y estratagemas que le permitan torcer los resultados del juego a su favor. Las gobernaciones que se perdieron, se hubiesen perdido hasta con una multitudinaria asistencia. Y, por supuesto, claro que hubo gobernaciones ganadas por la oposición. Si se va a hacer una trampa, la misma no puede tener visos de tal. Vamos, Sr. Petkoff, que los brutos, los incapaces, no están precisamente jugando en el otro bando. No sigamos subestimándolos.
Se debe entender que participar en un proceso, sea el que sea, implica el tácito reconocimiento de la pureza del mismo y de la imparcialidad del árbitro. En pocas palabras, con nuestra presencia estamos avalando y dando legalidad tanto al acto como a su árbitro. A los ojos del mundo, no tendrá sentido venir a gritar después, que se hizo trampa. No se trata de un típico y muy venezolano juego de lotería. Es algo más serio.
Quizás, como dijo en su momento un querido compañero bloguero, vayamos o no vayamos a votar, nuestro voto será procesado. No lo pongo en duda. Todos sabemos que eso ha pasado antes, en la época de la cuarta. Entiéndase, que los de las quinta simplemente "han descubierto el agua tibia". Pero de una cosa pueden estar seguro, yo no haré bulto con mi presencia en las colas, cuyas filmaciones serán utilizadas por los entes gubernamentales para mostrarle al mundo el fervor con que participa el ciudadano venezolano, orgulloso de sus instituciones y bla bla bla.
Porque, al contrario de aquellos que sostienen que el gobierno busca precisamente que no se asista a votar, una marcada abstensión lo debilita, porque lo expone a los ojos del mundo. Necesita por tanto de una asistencia opositora que legalmente elija una representación opositora. Pequeña, claro está. Y lo escueto o escuálido de esa representación, se garantizará (por los siglos de los siglos) mientras la oposición política acepte participar en comicios que sean controlados electrónicamente, a diferencia del resto del mundo, en donde se sigue utilizando el facilmente auditable método manual. Porque para que un partido de futbol se dé, debe haber 2 equipos que estén de acuerdo en todo. Sino, no hay juego. El juego electoral, se está dando como se está dando, porque las partes involucradas así lo han aceptado. Así de simple.
Personalmente, pienso que toda persona que quiera ir a votar está en su derecho de hacerlo, como también lo está aquella que no quiera hacerlo. Siempre ha sido así desde 1.958. Quizás no esté lejos el día en que el representante de la cuadra vele porque cumplamos con nuestro deber ciudadano, tal y como lo pudo constatar, allá en un lejano 1.957 el escritor Gabriel García Márquez:
"...el Gabo conoció a Herr Wolf, ex empresario, crítico del régimen, al cual le comentó que las últimas elecciones le habían dado un resultado del 92% favorable a los comunistas. Herr Wolf, muerto de risa y dándose golpes de pecho manifestó: -Yo voté por el gobierno. Las elecciones fueron libres. Pero hubo un jurado de votación en cada cuadra con la lista completa de los vecinos. Herr bajó a votar a las 10 de la mañana. "De todos modos -nos explicó- un policía habría venido a recordarme mis deberes de ciudadano". El voto es secreto, pero Herr Wolf prefirió votar por el gobierno para evitar complicaciones. Le dije a Herr Wolf que era un cobarde. El se rió: -Eso dicen los extranjeros, replicó. -Yo quisiera verlos aquí un día de elecciones." (sic)
Artículo de prensa basado en el libro de García Márquez: DE VIAJE POR LOS PAÍSES SOCIALISTAS.(NOVENTA DÍAS EN LA "CORTINA DE HIERRO")
