Leyendo la edición del viernes 30 de marzo del periódico ÚLTIMAS NOTICIAS, me encontré en la página 10 del mismo con una propaganda oficial (a toda página) del SENIAT, llamando a los contribuyentes a cumplir con el pago del ISRL.
La estrategia de este anuncio no está basada en el típico método compulsivo de recordarle a uno que si no paga, se verá expuesto a la aplicación de fuertes multas. Pues no. Aprovechando que este año el cierre de la recaudación impositiva coincide con el inicio de la Semana Santa, el gobierno recurre a la Biblia, ya que según su muy particular interpretación, las Sagradas Escrituras están casi que abarrotadas de referencias en torno a la obligación que tienen los cristianos de pagarle tributo al Estado. Desconozco qué pasará, en aquellos casos en que el contribuyente sea practicante de la religión judía, musulmana, shintoísta, budista, etc. Y mejor no hablar de los agnósticos. ¿Será que sólo los seguidores de Cristo están obligados a pagar impuestos? Vaya Ud. a saber.
Entiéndase que, EL KBULLA no será teólogo, pero tampoco es un hereje. Digamos más bien, que no es muy aficionado que se diga, a regir y limitar sus actividades por las interpretaciones que un sacerdote o un pastor puedan hacer de la palabra divina contenida en la Biblia. Pero, aunque no tenga al sagrado libro por cabecera, si tengo claro que el mensaje general del mismo va dirigido a los pobres y los desposeídos de este mundo. Se me hace entonces difícil, pensar que el profeta de Nazaret contase con muchos seguidores, si en sus charlas y parábolas se la pasase diciéndoles a sus discípulos (quienes más de una vez, para comer, debieron contar con los milagros de El Mesías) que se “bajaran de la mula” con el tribuno romano de turno. Máxime, si tenemos en cuenta que Roma usurpaba el gobierno en las tierras de Galilea, Samaria y Judea, por ser los romanos un pueblo invasor en aquel entonces.
Preocupado porque por primera vez en la historia universal, un gobierno tuviese la verdad consigo, me fui a leer los versículos citados en el anuncio del SENIAT, no fuese a ser que en verdad se encontrase en la Biblia un mandato divino (así fuese encriptado) sobre la obligación que tenemos los mortales de pagarle impuestos a los gobiernos. Dicho de otra forma, que por primera vez alguien nos viene a alertar en el sentido de que no nos está esquilmando porque a él le dé la gana, sino que tal proceder está escrito en la Biblia. Mandato divino, pues.
Abro la Biblia en la parte que corresponde al Nuevo Testamento, y voy y le entro de frente a MATEO. Allí leo, que Jesús había entrado en Jerusalén y expulsado del Templo a los cambistas y mercaderes que hacían vida y comercio dentro del mismo. Purificado el Templo, acudieron al mismo los ciegos y los cojos y él los sanó. Continúo leyendo y me encuentro que los sacerdotes y fariseos vieron peligrar sus privilegios (temían perder el cambur) por lo que cada vez que se les presentaba la oportunidad, realizaban a Jesús preguntas que, para no verse en aprietos, éste no podía responder con un sí, ni mucho menos con un no, sino todo lo contrario. Debo confesar, que es a estas alturas de mi vida que vengo a descubrir que la forma de hablar de “El Gocho” era producto de profundas investigaciones sobre las enseñanzas en las Sagradas Escrituras. ¿Podrá alguien creer que el hombre de Rubio es un fiel lector de la Biblia? No se preocupen, yo tampoco.
Es así, como los fariseos y herodianos (seguidores de Herodes Antipas) se ponen de acuerdo y le siguen haciendo preguntas impertinentes a Jesús. En una de esas, van y le preguntan si él consideraba lícito que se le pagara tributo al César. Jesús, quien gracias a Dios (nunca mejor dicho) no era ningún TIMOTEO ZAMBRANO, ni mucho menos un GERARDO BLYDE, sabía que esta pregunta tenía que ser respondida al estilo de “El Gocho”. Así que fue, y hábilmente les dijo: -¿Por casualidad no tendrán una de esas monedas con que se paga el tributo? Los “chicos malos” fueron y le mostraron un denario. Seguidamente, Jesús fue y nuevamente les repreguntó: -¿Y de quién es esta cara y qué significan todas estas inscripciones en la moneda? Bueno, ya saben de donde le viene a los jesuitas la manía de responder a una pregunta con otra pregunta.
La realidad es, que en lo que a mí respecta, considero que no es necesario seguir leyendo a MATEO. ¡Pero si es que está de anteojito!. Al preguntar Jesús por la moneda con que se debía pagar el tributo a Roma, él estaba reconociendo que nunca había pagado impuesto alguno al gobierno de turno. ¿Cómo si no, entender su desconocimiento sobre el tipo de moneda con que se pagaba el tributo? Por si eso fuese poco (y quizás pensando que esos preguntones en realidad eran recaudadores de impuesto) Jesús pregunta por la imagen y simbología de la información contenidas en la moneda, con lo que deja muy claro que él –Jesús- en su vida había visto nunca un centavo. Es decir, se declaraba pobre de solemnidad. Como una buena cantidad de venezolanos, que en su vida han visto la famosa moneda de Bs. 1.000,oo con el caballo viendo pa'trás. Tengamos también presente, que Jesús jamás trabajó en su vida. Razón por la cual no era precisamente él, si a ver vamos, la persona más indicada para disertar en torno al espinoso asunto del pago de impuestos al Estado.
Sin embargo, intuyendo que sus interrogadores pudiesen ser los dueños de un bajo coeficiente intelectual, fue y se disparó con la siguiente parábola:
"Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios."
En pocas palabras: zapatero a tu zapato. Una cosa es la tonta celada, que buscaba en la respuesta de Jesús una intromisión en el mundo de la politiquería del momento (si decía sí, se echaba encima a los fariseos, quienes lo hubiesen acusado ante el pueblo de estar cuadrado con los romanos; si decía no, los herodianos lo hubiesen acusado de insurrecto ante las autoridades romanas) y otra cosa muy diferente el verdadero mensaje contenido en la parábola: que su reino no es de este mundo. Y que por consiguiente, él estaba muy por encima de las veleidades y torcidos intereses de sus interrogadores. Allá aquellos que rendían pleitesías a Roma. A él, lo que le interesaba era aquellos que buscaban la palabra de Dios.
No contento con interpretar el versículo de MATEO a su manera, el gobierno va y nos suelta esta perla en torno a uno de los versículos (el 20:35) de LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES:
"Más bienaventurado es dar que recibir."
Por alguna extraña razón, el gobierno, a la hora de interpretar a PABLO, no se da por aludido en aquello de
dar, sino en lo de
recibir. ¿Adivinen a quién le toca la parte ancha del embudo? El problema es, que cuando uno lee el Discurso de Despedida de Pablo en Mileto, el mismo está lleno de alusiones al desprendimiento, antes que al afán de lucro. Es por ello que nos dice:
"Ni plata, ni oro, ni vestido de nadie he codiciado." (20:23)
Y de hecho, la cita que hace el gobierno del versículo 20:35 es incompleta, pues en el mismo se dice:
"En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir."
¿Será que “el mono” del gobierno es tan grande que se considera a si mismo como uno de esos desposeídos a los que hace alusión Pablo en su discurso de despedida? La realidad es, que de la misma forma en que algunos solamente les interesa citar, fuera de contexto, ciertas partes del impactante discurso dado durante el
CONGRESO DE ANGOSTURA, de la misma forma hay quien busca en las Sagradas Escrituras asidero para su proceder en este mundo de pecadores.
Lástima que ninguno de los estudiosos de la Biblia con que cuenta el gobierno, se haya acercado en su momento a
recordarle a JOSÉ ALBORNOZ aquel versículo que dice:
"Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos." (MATEO 23:9)
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